Bonaparte: 200 años

EL OCTAVO DÍA
02/05/2021
    “Hay cosas inesperadas que Napoleón Bonaparte nos dejó, como lo de enterrar, por obligación, a los muertos, a seis pies de tierra, por simple salubridad. Otro, que todas las personas debían barrer su parte de calle. También fue pionero en las leyes de protección a la infancia”.

    Este miércoles 5 de mayo se cumplirán 200 años de la muerte del oficial de srtiller Napoleone di Buonaparte Ramolino, quien nació en una isla, vivió peleando contra una isla llamada Inglaterra y murió en otra isla llamada Santa Elena.

    Él mismo era una isla en sí mismo.

    Nabolione o Nabulione en corso, nació en Córcega solo un año después de que Francia comprara la isla al entonces reino de Génova.

    Sí, era de origen italiano y de niño tuvo que aprender el francés, un idioma que habló con un marcado acento italiano por el resto de su vida. A su vez, Bonaparte era la traducción del nombre griego original de la familia: Kamelos.

    Algunos lo ven como un villano contradictorio porque osó convertirse en emperador. Se nos olvida que la palabra “rey” estaba prohibida en Francia y él trataba de asemejarse un poco a los Césares romanos, quienes eran parte de una república y rendían cuentas a un senado.

    Parece ser que su mejor aportación universal fue el Código Civil. Antes, los jueces en Francia y resto del mundo aplicaban criterios personales, o de plano bíblicos, en los casos más complejos en sus juicios, además de la total desigualdad del campesino ante el gentil hombre.

    Bonaparte aplicó un reglamento a todos los jueces y eso fue revolucionario y se extendió a los países que dominó, los cuales, luego de la dominación francesa, exigieron a sus nuevos gobernantes a seguirlo.

    También hay cosas inesperadas que él nos dejó, como lo de enterrar, por obligación, a los muertos, a seis pies de tierra, por simple salubridad. En serio, esto es un reglamento suyo.

    Otro reglamento hacía que todas las personas debían barrer su parte de calle. Cosa que aún se sigue haciendo, sin que nadie nos obligue y que, incluso, en el Mazatlán de los años 30 había inspectores que nos tocaban la puerta y podían multarnos si no barríamos la calle. Y era la calle, no solo la banqueta.

    También fue pionero en las leyes de protección a la infancia. Curiosamente no logró que se aprobara una propuesta suya de que, en caso de desatención de los padres, los abuelos tuvieran la primera opción de adoptar a los niños.

    Para nosotros los americanos, la figura de Napoleón es fundamental. Su intervención en España, las forzadas abdicaciones de Carlos IV y Fernando VI, la entrega del trono español a su hermano José (“Pepe Botella”), la promulgación de un decreto, en 1808, que reconocía la autonomía de las provincias americanas del dominio español y sus pretensiones de reinar sobre nuestros territorios, cuyos habitantes nunca quisieron aceptar los designios del emperador, son elementos básicos para entender los movimientos de Independencia.

    No olvidemos que el cura Hidalgo también gritó “Viva Fernando VI”... aunque eso se ha omitido en el muy republicano ritual de la noche de El Grito.

    En el resto del Continente, la venta de la Luisiana y el manejo que dio Francia al proceso de independencia de Haití tuvieron una enorme sacudida en el desarrollo de América. Haití fue la primera colonia en independizarse y con gobernantes de origen africano, vestidos a la usanza napoleónica.

    Napoleón se vio obligado a vender ese gran territorio que abarcaba el Río Mississippi y eso le generó gran prosperidad a los nacientes Estados Unidos. Francia necesitaba ese dinero para poder acabar con Rusia e Inglaterra. La apuesta falló y por eso hoy Nueva Orleans es la única ciudad gringa con gracia.

    Simón Bolívar, José de San Martín y Agustín de Iturbide lo admiraban y por eso independizaron a sus países.

    Sí, buena parte de nuestra historia moderna es causa indirecta de Napoléon Bonaparte.