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Columna

¿Por quién voté?

    1) Para saber

    Se cuenta que un ladrón asaltaba a un hombre en la calle y apuntándole con su pistola le gritaba: “Esto es un asalto. ¡Dame todo tu dinero!”. El hombre sorprendido, mirándole con aires de superioridad, le reprendió: “Oiga, usted no sabe con quién se está metiendo. ¡Soy un político muy influyente!”. Entonces el ladrón le respondió: “En ese caso ¡Devuélvame todo mi dinero!”

    El domingo se celebraron elecciones de gobernantes en México. Es un tópico hablar mal de los políticos, aunque es incorrecto generalizar. Por ello hay que saber elegirlos correctamente. Es una responsabilidad ejercer el derecho al voto, pero también que ese voto sea correcto. Aunque se trata del ámbito civil, no por ello está desligado de los valores y principios religiosos. Es coherente votar por quien los comparta e iluminan su actuar político. Importa conocer a los candidatos y sus partidos. Y luego, exigir cumplan lo propuesto.

    Para tomar una decisión, no sólo en lo político, sino en cualquier dimensión de la vida, además de contar con nuestros conocimientos, tenemos una gran ayuda: la luz del Espíritu Santo. El Papa Francisco invitaba invocarlo y pedir sus dones, para que nuestro actuar sea conforme a la Voluntad divina.

    2) Para pensar

    El libro de los Hechos de los Apóstoles (cf. 2, 1-11) narra lo sucedido cincuenta días después de la Resurrección de Jesús. Los Apóstoles estaban en oración con la Virgen María. Jesús les había prometido enviar al Espíritu Santo. Cuando llegó se manifestó con un «ruido» que vino repentinamente del cielo, como un «viento impetuoso» que llenó la casa. Unas como lenguas de fuego se posaron sobre ellos. Se trata de una experiencia real, pero también simbólica.

    Ese viento fuerte y libre, dice el Papa, significa que nos trae fuerza y libertad. El fuego simboliza luz, calor, amor. Nos trajo luz para las inteligencias, pero unidas al amor de Dios. La luz en el entendimiento no es solo para comprender los misterios divinos, sino también para saber elegir lo mejor para nosotros, qué es lo que le agrada al Señor. Para ello son los dones del Espíritu Santo y, en particular, el Don de Consejo.

    3) Para vivir

    Cuando queremos acertar en una decisión, existe el peligro de vernos influidos por nuestros prejuicios o nuestras preferencias que a veces nos impiden ver la verdad tal cual es. Por ello importa acudir a un experto en el tema. Por ejemplo, si se trata sobre los impuestos, se puede acudir a un contador. Si es valioso el consejo humano, cuánto más no lo será si acudimos a la Verdad misma; a Dios que nos proporciona una gran ayuda sobrenatural, que nos otorga el Don de Consejo que es una prudencia divina.

    Además, las decisiones tomadas a la luz del Espíritu Santo, van acompañadas del amor a Dios. Si se conoce la Voluntad divina y además se le ama, resulta más fácil vivirla. Importa tener una actitud de apertura a la Voluntad divina. Cabe recordar que los Apóstoles estaban en oración junto a la Virgen María preparándose para recibir al Espíritu Santo. También nosotros nos facilitamos recibirlo, si tenemos nuestros ratos de oración. Y así, en silencio, pedirle consejo, preguntarle: “¿Qué esperas que yo haga?”.

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