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Columna

Puerta de Soledad

EXPRESIONES DE LA CIUDAD
06/07/2021

¡Qué inagotable el mar cuando se tiene que beber toda su sal!, subrayó Dora Josefina Ayala hace algún tiempo, justo al inicio de la presentación del poemario Puerta de Soledad, en su segunda edición, con el que se honraba la memoria de Alba de Acosta en el 45 aniversario de su partida, una dama nacida en Culiacán que falleciera el 28 de mayo de 1953, a la edad de 32 años, y quien en la intimidad escribió angustiados poemas que yo conocí en 2003, por mi amistad con Miguel Tamayo.

¡Soledad, qué oscura estás!, trazó en el primer verso del poema Canto a mi soledad, tras el cual sentí burbujear sus vacíos de alma y cuerpo, cuando me dispuse a imaginar un montaje con sus poemas.

Iba a cumplirse el 50 aniversario de su fallecimiento, por lo que Miguel Tamayo -quien estuvo a su lado en la Ciudad de México, donde convaleció la enfermedad del cáncer- quiso otra vez rendirle homenaje a la mujer que le compartía sus poemas íntimos, aún olorosos a tinta. “Cuando leí por primera vez su ‘Señor, si he de morirme ya’, me estremecí; la vi de reojo y ella me miraba como si quisiera adivinar si yo presentía su fin”, escribió Tamayo el 24 de julio de 1955, en un texto añadido al poemario Puerta de Soledad, publicado a dos años de su muerte, a iniciativa de amigos y familiares.

El poemario se reeditó en 1988 y fue el que llegó a mis manos hacia 2003, cuando fui solicitado para hacerme cargo del espectáculo de homenaje. “Antes me ayudaba Óscar Liera”, había dicho Tamayo.

Entonces entrelacé poesía y música, eligiendo temas en español de la griega Nana Mouskouri, como Juguete de amor, Perdóname y Canto a mi soledad, interpretados por Yadira Tadeo, acompañada por el Cuarteto San Miguel, cuando aún vivía Eladio Laguna, su fundador y director. A Nana yo la oí por primera vez en Siempre en Domingo y me había enamorado de su voz, cuyo primer disco de acetato conseguí en la discoteca que se ubicaba por la Juan Carrasco, casi esquina con Ángel Flores.

Para la lectura invité a las actrices Martha Salazar, Rosa María Peraza, Inga Pauwells y Alicia Montaño, sin presumir que yo las dirigía, porque eso hubiera sido una desproporción grotesca, aunque ellas, por disciplina, intentaban darme ese lugar, particularmente Martha Salazar, con quien ya había trabajado en otros montajes, como Los Estruendos del Silencio, de estructura complicada.

Y con el espectáculo Puerta de Soledad, que es a la vez el nombre de uno de los poemas de Alba de Acosta, en el verano del año 2003 -ante sus familiares y amigos- nos presentamos en uno de los salones del Hotel Executivo, evento íntimo y emotivo en el 50 aniversario de su lamentable partida.

En 2005 volvimos a honrar su memoria, con la presencia de Orenda Gerardo, Manuel Tanamachi y Joachim Kast. Ya no estuvo Dora Josefina Ayala para dar lectura a su texto de presentación, pues falleció en 2004. Y a 68 años de la muerte de Alba de Acosta, quien descansa en el Panteón San Juan, ya también se fueron Rosa María Peraza (2014), Miguel Tamayo (2015) e Inga Pauwells (2020). De todo este drama de partidas hablé con Alicia Montaño, quien en su juventud conoció a la poeta, hacia la época en que vivía por la Morelos, entre Hidalgo y Ángel Flores, casada con Luis. R. Acosta.

Dicen que gran parte de la creación poética de Alba de Acosta se perdió en un incendio ocurrido en la residencia de Lupita Acedo, logrando recuperarse una pequeña parte de su obra, que es la que está contenida en el poemario Puerta de Soledad, que bien valdría la pena volver a reeditar. Y punto.

El poemario Puerta de Soledad, en su segunda edición, se honraba la memoria de Alba de Acosta en el 45 aniversario de su partida, una dama nacida en Culiacán que falleciera el 28 de mayo de 1953, a la edad de 32 años, y quien en la intimidad escribió angustiados poemas que yo conocí en 2003, por mi amistad con Miguel Tamayo.
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