8
de octubre
de 1943
Walt Disney aterriza en Mazatlán Eduardo Valadés

De entre los famosos visitantes de Mazatlán, la mayoría lo hicieron por gusto. Vinieron por placer o curiosidad, o porque su ruta favorecía la estancia en el puerto, o para vacacionar o para conocer o para huir. Pero pocos lo hicieron sin desearlo, como le pasó a Walt Disney el 6 de octubre de 1943.

En 1943 Walt Disney enfrentaba una posible bancarrota. Había filmado Victory, el último filme que produjo basado en el puro placer creativo, pero sujeto a un contrato con el Gobierno de los Estados Unidos. Se estimaba que la falta de audiencia podía costarle medio millón de dólares, y las presiones económicas habían llevado al estudio a una huelga de casi la mitad de sus empleados.

Disney era un embajador de la democracia. En 1941 firmó un contrato con Nelson Rockefeller, Coordinador de Asuntos Interamericanos del Gobierno de Estados Unidos, para ayudarlos a proyectar el proyecto democrático en América Latina. La frontera sur sería clave en la entonces vigente lucha contra el fascismo y México era percibido como cabeza ideológica del panamericanismo.

Ese mismo año viajó a México para conocer de primera fuente el pensamiento latinoamericano, y de ese viaje resulta el filme Saludos, México, que se vuelve un éxito rotundo en nuestro país.

En 1943, se le invita de nuevo a la Ciudad de México para condecorarlo con el Águila Azteca, medalla que es la máxima condecoración mexicana a extranjeros. También fueron premiados Louis Meyer (de la Metro Golden) y James Fitzpatrick, quien había realizado documentales sobre el país (se ha dicho, absurdamente, que Disney era premiado por sus trabajos de alfabetización, lo que suena como una amarga ironía).

En su viaje de regreso a Estados Unidos, el 8 de octubre, el mal clima sorprende al vuelo, pues un poderoso huracán caería violentamente sobre Mazatlán. Apenas logran aterrizar en el aeropuerto (o su equivalente: Mazatlán recién tendría terminal aeroportuaria en 1949) y permanecen en el avión, rodeados por la tormenta.

Disney pasa entonces en Mazatlán la que quizás fue la peor noche de su vida. El viento arranca un ala del avión y queda desde luego inhabilitado para volar, por lo que se ve obligado a pasar la noche en la ciudad.

Se hospedan en el Hotel Belmar, que era lo mejor que había en la ciudad, si bien se encontraba dañado. Walt Disney, su esposa Lillian y otras personalidades tuvieron que compartir habitación en el atestado hotel, y dormir en catres, en habitaciones que habían perdido sus ventanas, y algunos sectores del hotel, como la cocina y el comedor, se habían quedado sin techo.

Walt Disney publica ese año Education for Death, la historia de un niño alemán educado para pensar con la ideología del Führer y entrenado para matar. En un toque de ironía (o quizás un guiño para la audiencia), al pequeño Hans se le enseña a pensar mediante películas.

Disney había logrado un acuerdo con el gobierno para lanzar casi medio centenar de películas, con propaganda gubernamental, con las que rescataría a la productora de su crisis financiera.

No conforme con ello, además contrataría a John Sheehan, cuya función sería la de ofertar los productos Disney para comerciales y proyectos industriales —fue famoso que el propio Disney ofreció publicidad al mismo tiempo a Coca-Cola y a Pepsi—, sentando la base comercial del cine estadounidense vigente en nuestros días.