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Columna

Lo más importante del campo es el factor humano

LETRAS DE MAQUÍO

    El domingo pasado me tocó en suerte asistir a la asamblea anual de la Confederación de Asociaciones de Agricultores del Estado de Sinaloa, organismo que agrupa en su seno a las nueve asociaciones de productores del estado de Sinaloa.

    La membresía de pequeños propietarios afiliados en estas asociaciones alcanza la cifra de cerca de 20 mil esparcidas por todo el estado. La asamblea tuvo una asistencia de cerca de 800 dirigentes agrícolas y fue un acto en verdad hermoso, donde resultó electo como presidente el agricultor Jorge Bon Bustamante, cuya vinculación a la tierra se inició con sus abuelos.

    Dentro de los datos que se escucharon en esta asamblea quiero enumerar los siguientes:

    1. El área cultivada de riego en el estado es de 640 mil hectáreas.

    2. De temporal se estiman alrededor de 575 mil hectáreas en el estado, lo cual significa más o menos el 4.3 por ciento del área cultivada de temporal en México.

    3. Sinaloa produce en volumen siete millones de toneladas, las cuales significan el 8 por ciento de la producción nacional y el 14 por ciento en valor de la misma.

    4. En cuanto a la superficie en manos de pequeños propietarios, tenemos que éstos poseen solamente el 23 por ciento de la misma, tanto en riego como en temporal, parcelas entre 21 hectáreas promedio en riego y 28 hectáreas de temporal. Como los pequeños propietarios aprovechan mejor la tierra, la superficie sembrada anualmente es de 37.6 por ciento.

    5. Quizá más impresionante es el hecho de que a pesar de sembrar mucho menos tierra, los pequeños propietarios representan un 43.1 por ciento del volumen de la producción de la misma.

    Analizando ligeramente las cifras que he destacado, podemos ver que la tierra, al revés de lo que muchos capitalinos pueden pensar, no es el factor preponderante de la producción en el agro mexicano. Lo más importante para producir es el ser humano, su capacidad administrativa y las facilidades que éste tenga para administrar los insumos en forma oportuna y a buen precio.

    Hace mucho tiempo que he venido pregonando que jamás podremos tener buenas producciones agropecuarias si al tratar el problema del campo sólo tomamos en cuenta el aspecto productivo y nos olvidamos de la parte ejecutiva, nacional y política. El productor agrícola es en sí un empresario capaz de responder a los incentivos y oportunidades que se le brinden; y por ende, han de crearse las condiciones y estímulos que le permitan desarrollar su talento empresarial, que durante tanto tiempo ha sido reprimido.

    A continuación quisiera enumerar algunos de los factores que han contribuido el valor del capital humano en el agro mexicano:

    1. Las áreas urbanas ejercen una mayor presión política, social y económica sobre los gobernantes, en detrimento de los productores agropecuarios, quienes, dispersos y carentes de organización genuina, no han sido capaces de reclamar sus derechos.

    2. Altos funcionarios han desperdiciado la actividad agropecuaria considerándola atrasada por naturaleza y tomando el equivocado de que su contribución al producto interno bruto es secundario.

    3. Las desventajas propias de los productores ante los comerciantes en la venta de sus productos, que en general son perecederos y que urge se vendan, mientras que el comprador puede esperar pacientemente hasta implantar sus condiciones.

    4. La corrupción burócrata, que alcanza niveles intolerantes y siempre en perjuicio de la economía del productor agrícola.

    5. El paternalismo oficial, que ha hecho del productor agrícola mexicano una especie de subhombre carente de confianza en sí mismo y por ende en los demás, al haber sido explotado y manipulado permanentemente.

    No quisiera terminar este artículo sin antes mencionar que en la asamblea a que he venido haciendo referencia se celebraba, además, el cincuentenario de la fundación de la Organización Agrícola de Sinaloa, y que uno de los únicos socios fundadores que todavía vive, el licenciado Roberto Macías Fernández, tomó la palabra y frente a autoridades estatales, municipales y nacionales expresó que era lamentable para él, a sus 82 años, haber visto cómo a través de su vida la pequeña propiedad había sido atacada. Se había pretendido desacreditarla, inclusive destruirla, y urgió a los presentes a una nueva toma de conciencia de que en los momentos de crisis, podremos salir adelante, solo si somos capaces de producir nuestros propios alimentos. No podría estar más de acuerdo.

    Jueves 3 de marzo

    1983