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Columna

Nuestras importaciones agropecuarias

LETRAS DE MAQUÍO

    El pasado 17 de febrero, los señores John R. Block, secretario de Agricultura de Estados Unidos, y el licenciado Héctor Hernández, secretario de Comercio y Fomento Industrial de nuestro país, firmaron el acuerdo para el suministro de productos agrícolas entre nuestras dos naciones. Aunque el mencionado documento incluye las listas de los mínimos y máximos a subir, las segundas son por considerar que nuestras necesidades serán mayores de lo esperado. Importaremos, pues, en el periodo comprendido hasta el último del año, 3.5 millones de toneladas de maíz, 3.6 millones de toneladas de sorgo o maíz para consumo animal, 200 mil de trigo, 900 mil de frijol soya, 611 mil de girasol, 170 mil de semilla de algodón, 150 mil toneladas de aceite crudo, 60 mil de pasta de soya, 90 mil de sebo, 115 mil de leche en polvo y, finalmente, un millón y medio de cajas de huevo. Todo lo anterior con un precio aproximado de mil 700 millones de dólares, sin incluir por supuesto un millón de toneladas de azúcar que compraremos a otros países, ya que Estados Unidos no es superavitario de este producto.

    De lo anterior, quiero hacer algunas consideraciones que pienso son importantes:

    1. El precio del sorgo será de aproximadamente 120 dólares la tonelada, lo cual, en dólares libres de 150 pesos nos cuestan 18 mil. El precio de garantía para el sorgo en México no llega a 10 mil. Lo anterior quiere decir que estamos dispuestos a pagarles a los agricultores extranjeros más dinero de lo que pagamos a nuestros productores agrícolas.

    2. Se ha dicho que no subirá el precio del huevo y los avicultores de México me han manifestado que no repondrán las gallinas ponedoras porque están perdiendo dinero con el actual precio controlado. Por lo anterior pronostico que en el futuro seremos importadores todavía más importantes de ese producto porque nadie va a trabajar en un negocio donde pierde.

    3. Situación similar es aplicable a la leche, donde los controles de precio han distorsionado tanto las señales que la demanda debe enviar al producto que recuerdo a ganaderos de Chihuahua que me decían que era preferible vender la leche procesada en quesos que como tal.

    4. Llama la atención que dentro de los productos a importar se encuentran aceite crudo y pasta de soya provenientes de semillas oleaginosas. La pregunta obligada sería: ¿no es preferible importar semillas, sin valor agregado alguno, y dejar que nuestras plantas industriales trabajen? ¿Por qué le quitamos trabajo a mexicanos a pesar de que nuestra planta industrial es capaz de moler esa oleaginosas siempre y cuando existan las materias primas en forma oportuna?

    5. Finalmente, vale la pena volver a replantear nuestro fracaso como productores agropecuarios y preguntarnos en dónde están nuestras fallas. Pienso, sin ahondar mucho en el problema por falta de espacio, que éstas las podríamos resumir en tres de gran importancia:

    a) Los precios de los productos agropecuarios están sumamente bajos. Lo anterior ha descapitalizado enormemente al sector agropecuario y desalentado la producción.

    b) Se requiere mayor productividad. Baste un ejemplo para ilustrarnos. El promedio de producción de maíz por hectárea en México es de alrededor de mil 300 kilogramos, mientras que Estados Unidos produce 5 toneladas y Argentina 2.5 toneladas por hectárea. El paternalismo oficial y la corrupción, tanto horizontal como vertical, han creado un subhombre en el agro carente de confianza en sí mismo y, por ende, en los demás.

    c) Hace falta una mejor organización de los productores agrícolas con orientación hacia la productividad. La Ley de Fomento y Producción Agropecuaria pudiera ser una salida, pero ha faltado voluntad política para implantar más y más unidades de producción que hagan a un lado la tenencia que divide al sector agropecuario y se preocupe por producir más.

    Sé que algunos campólogos (que viven de hacerle al cuento en el agro) criticaron mis puntos de vista, pero les pido que analicen las cifras y vean que el problema de Rusia y China comunista es que tienen que recurrir a Estados Unidos, que posee excedentes enormes de productos agropecuarios, para poder subsistir, porque no alcanzan a producir lo que se comen. Por otro lado, les pediría a estos campólogos que se tomen la molestia de enlodarse los zapatos antes de emitir opiniones.

    Miércoles 9 marzo

    1983

    Hace falta una mejor organización de los productores agrícolas con orientación hacia la productividad. La Ley de Fomento y Producción Agropecuaria pudiera ser una salida, pero ha faltado voluntad política para implantar más y más unidades de producción que hagan a un lado la tenencia que divide al sector agropecuario y se preocupe por producir más.
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