El eterno dilema ético en las notas de violencia

    ‘No publicamos en Portada hechos violentos que consideramos que forman parte del discurso de intimidación y terrorismo de grupos de crimen organizado, tales como mensajes en mantas o en grabaciones donde se transmiten enfrentamientos armados, asesinatos, actos de tortura, entre otros; excepto cuando éstos trascienden a otras esferas de la comunidad, como la política y la civil’.

    Una nota un tanto inusual que subimos a nuestro sitio se convirtió en una de las más leídas de la semana.

    La titulamos “Viralizan video antiguo de delincuentes arrancando el corazón a una persona, ¿por qué no lo replicamos?” https://www.noroeste.com.mx/nacional/viralizan-video-antiguo-de-delincuentes-arrancando-el-corazon-a-una-persona-por-que-no-lo-replicamos-GG2181448

    Terrible, lo sabemos. Nos costó trabajo incluso poner en el encabezado lo que delincuentes estaban haciendo en el video, imagínese si hubiéramos puesto el video. De hecho, los editores involucrados ni siquiera nos atrevimos a ver el video completo. Muy fuerte.

    Y precisamente por eso, porque tenemos claro que debemos alertar de esas situaciones, sin replicar los contenidos explícitos, y mucho menos los mensajes de los delincuentes, es que quisimos no solo explicar por qué no publicamos ese tipo de materiales, sino alertar a los lectores para tratar de que no lo vean.

    Tal vez se vea como si quisiéramos tapar el sol con un dedo, o algunos podrán opinar que cómo es posible que queramos “ocultar” eso, sin embargo, sabemos que la mayoría de nuestros lectores entenderán nuestra postura y muy probablemente la apoyarán.

    Esto no es un tema nuevo, hemos dedicado varios artículos de Detrás de Página y numerosas notas explicando el por qué de nuestra postura y baste recordar que desde 2010, cuando la espiral de violencia en Sinaloa y en la mayor parte del País se observó desbocada, en Noroeste nos dimos a la tarea de tomar decisiones de cómo era la mejor manera de abordar ese tipo de información.

    Información que, lo dejamos claro desde el principio, no se iba a ocultar, pero tampoco se iba a exaltar innecesariamente.

    Nuestros principios, dados a conocer a la comunidad en marzo de 2011 los titulamos “Responsabilidad frente a la violencia. Cobertura y publicación responsable de la información relacionada con inseguridad y delincuencia organizada”.

    Expusimos el contexto inédito de violencia que se vivía en el estado y la región, y que precisamente meses y años después escaló a prácticamente todos los rincones del País, tan es así que muchas veces, tanto nosotros como periodistas y como los propios ciudadanos, llegamos a “normalizarlo”, porque es un hecho que los actos de violencia están en todos lados, en todos los niveles, en todos los ambientes.

    Precisamente por eso quisimos dejarlo establecido desde entonces, y de manera constante regresamos a verificar lo que ahí dejamos plasmado, porque nos ayuda a tomar las decisiones editoriales y los dilemas incluso éticos con los que nos enfrentamos de manera constante en nuestro día a día.

    “En Noroeste lo tenemos claro: la violencia existe, tenemos que decirlo, la autocensura no es la decisión acertada para una publicación responsable, no se puede evadir la responsabilidad periodística, pero esta tampoco puede ser un escudo para publicar irresponsablemente información que haga apología de la violencia o fomente la ilegalidad”, es parte de la introducción a nuestra Declaración de Criterios.

    En esta dejamos claro que publicaremos siempre todos los hechos de violencia de los que tengamos conocimiento, cumpliendo nuestro compromiso de informar la realidad a la sociedad a la que servimos y acorde con la premisa de desarrollar la cultura de legalidad entre los ciudadanos y de justicia penal en las autoridades, así como tratar de exponer los hechos con un enfoque de prevención y alerta a la ciudadanía.

    Sin embargo, entre otras precisiones, dejamos claro que:

    “Publicamos en portada los hechos relacionados con violencia cuando estos abonan en la construcción del estado de derecho, por ejemplo: detenciones y decomisos relevantes; así como en la defensa de los grupos vulnerables, tales como violencia de género, abuso de menores y víctimas inocentes.

    “No publicamos en Portada hechos violentos que consideramos que forman parte del discurso de intimidación y terrorismo de grupos de crimen organizado, tales como mensajes en mantas o en grabaciones donde se transmiten enfrentamientos armados, asesinatos, actos de tortura, entre otros; excepto cuando estos trascienden a otras esferas de la comunidad, como la política y la civil”.

    También establecimos que no hacemos descripciones que hagan apología de la violencia, ni publicamos el lenguaje de los grupos delictivos ni transcribimos textos de sus mensajes.

    Y concluimos nuestro documento:

    “La violencia en nuestra comunidad, nuestro estado, nuestro país ha crecido y su reflejo en nuestras páginas es inevitable. Dejar de decirlo sólo evita la comprensión de su significado y de su alcance. Por eso nuestro compromiso de publicación es el fomento absoluto a la cultura de la legalidad, a los valores y a la prevención”.

    Y precisamente en ese sentido, por ejemplo, esta semana que acaba de terminar publicamos hechos como que personas armadas en una persecución con la Policía pasaron por fuera, aunque no ingresaron como se había dicho originalmente, de un jardín de niños, o la muerte de un conocido estilista de una zona residencial de Culiacán, y luego ese mismo día, el jueves, que fue tan violento que tuvimos que hacer un compendio de los diferentes hechos, para alertar a la comunidad del clima de violencia que se vivió en la ciudad.

    También dimos portada de nuestro ejemplar impreso a un aseguramiento importante de armas y vehículos con reporte de robo en el sur de Culiacán, donde se detuvo a cuatro personas, pues buscamos reflejar de alguna manera los resultados que de vez en cuando se tienen en la estrategia de seguridad y de prevención en nuestras ciudades.

    En el mismo tenor, aunque no relacionado con la delincuencia organizada, tuvimos el viernes en Mazatlán el caso de un hombre que durante seis horas estuvo a metros de altura sobre una torre de electricidad amenazando con lanzarse. Lo cubrimos, por supuesto, y lo subimos al sitio y redes, pero, por ejemplo, tomamos la decisión de no transmitir en vivo, para no alimentar más el morbo, no fomentar este tipo de hechos y evitar, sobre todo, la transmisión en vivo de un eventual hecho suicida.

    A veces son decisiones menores, a veces mayores, a veces afectan parcialmente la información o se afina la forma en que se abordan, pero es prácticamente todos los días que nos enfrentamos con decisiones editoriales relacionadas con contextos de inseguridad, violencia, crimen organizado u otros temas sensibles en los que debemos ser más cuidadosos que de costumbre.

    Afortunadamente tenemos nuestros criterios establecidos de manera clara y transparente, no solo para nosotros sino para que nuestros lectores sepan cómo nos conducimos y nos mantenemos alertas en estas temáticas tan difíciles pero inevitables.

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