Los periodistas no deberían ser noticia, pero lo son por la violencia

    Difícil y acelerado el día jueves de la semana que pasó, cuando de manera extraoficial, desde el Semefo nos llegó por la tarde el dato de que el cuerpo encontrado por la mañana en un camino de terracería en el sur de Culiacán supuestamente era del periodista Luis Enrique Ramírez.

    Nunca es fácil. La muerte nunca es fácil, menos la muerte violenta, y mucho menos, en nuestro caso, si ésta golpea al gremio periodístico...

    Una vez más lo decimos: los periodistas no deberíamos ser la nota, no nos gusta ser la nota... algo está mal, muy mal, en un país donde sí lo somos.

    Difícil y acelerado el día jueves de la semana que pasó, cuando de manera extraoficial, desde el Semefo nos llegó por la tarde el dato de que el cuerpo encontrado por la mañana en un camino de terracería en el sur de Culiacán supuestamente era del periodista Luis Enrique Ramírez.

    Nosotros ya habíamos publicado en el sitio web de Noroeste.com la nota del hallazgo de un cuerpo, que ocurrió poco después de las 10 de la mañana y para poco después de las 11 am ya teníamos la nota y fotos del lugar del hallazgo.

    La nota se subió como cualquier otra de cuando se encuentra un cadáver, de las que hay casi todos los días, sobre todo en Culiacán. Desgraciadamente, cuerpos muchas veces sin nombre o sin una identidad reconocida que prácticamente pasan al olvido no solo en el medio, sino en la opinión pública, tenemos que admitirlo. Una nota fría, redactada de manera escueta, con los escasos datos que se suelen conseguir en este tipo de hechos.

    Pero unas dos o tres horas después, nuestros periodistas recibieron la filtración: el cuerpo era de alguien conocido, de un periodista reconocido.

    En cuanto recibimos el dato, no subimos la nota de inmediato, sino que, como solemos hacerlo y ya lo hemos expuesto aquí, nos ponemos a buscar fuentes oficiales o fuentes extraoficiales confiables que nos lo confirmen.

    No tardamos mucho, en pocos minutos dos fuentes oficiales nos lo confirmaron y subimos a nuestro sitio web la nota de la muerte.

    La cascada de trabajo que se viene a continuación es ya familiar para nosotros en casos así, repartimos asignaciones entre los reporteros para buscar reacciones de personajes relacionados, así como trabajar un texto con el perfil del periodista fallecido, y, sobre todo, insistir con las fuentes oficiales, es decir las del Gobierno.

    Casi al mismo tiempo nos remitimos al contexto del personaje en cuestión, y buscamos en nuestros archivos dos notas que publicamos en 2011 de entrevistas con él cuando se había autoexiliado de Sinaloa, por sentirse amenazado después de varias muertes de personas de su círculo cercano.

    Así, dos notas de ese año las actualizamos para dar un mayor contexto a la muerte. De hecho, ya para cuando nosotros las pusimos de nuevo en circulación, los propios lectores ya las habían encontrado a través de los buscadores y ya registraban lectoría en esos momentos. Las dos notas registraban el temor que Luis Enrique sentía en esos momentos por sentir que su vida peligraba.

    De hecho, vale aquí decirlo, fue Noroeste prácticamente el único medio que en ese tiempo de autoexilio le dio voz a Luis Enrique a través de sus páginas: lo entrevistamos a través de la incipiente plataforma de entonces, el Skype, que podíamos verlo a distancia a través de una videollamada. No nos dijo dónde se encontraba pero sí sabíamos que se encontraba bajo protección.

    En ese entonces no teníamos una relación cercana con él, y de hecho casi nunca la tuvimos, pese a que él inició de joven en Noroeste y aún algunos en nuestra Redacción de Culiacán lo recordaban, pero en general la mayoría no lo conocimos.

    Solo lo conocíamos por sus columnas, en las que incluso algunas veces fustigó a Noroeste, en ese tiempo en el que, él mismo reconoció, hacía periodismo militante para un grupo político.

    Sin rencores de nuestra parte, le dimos el respaldo de nuestro espacio cuando lo necesitó, porque estamos convencidos de que parte de nuestra función y nuestra responsabilidad es tratar de proteger no solo a nuestros periodistas, sino a todo el gremio, y lo hacemos como directriz institucional. Sabemos, porque así nos lo hizo saber en su momento, que Luis Enrique estaba agradecido con Noroeste por eso.

    Tal vez para el lector común pueda ser cuestionable que demos más espacio o más apoyo cuando es el caso de un periodista, sin embargo, lo hacemos porque, como ya también lo hemos dicho, atentar contra un periodista o contra un medio es atentar contra la libertad y el derecho a la información de toda una comunidad.

    De hecho, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de la Organización de Estados Americanos (OEA), lo señala claramente:

    “Los actos de violencia contra periodistas tienen un triple efecto:

    Vulneran el derecho de las víctimas a expresar y difundir sus ideas, opiniones e información;

    Generan un efecto amedrentador y de silenciamiento en sus pares;

    Violan los derechos de las personas y las sociedades a buscar y recibir información e ideas de cualquier tipo”.

    Por eso, y por solidaridad, seguiremos señalando los atentados contra la libertad de expresión, los ataques contra los periodistas, sobre todo en un contexto donde son ya nueve los periodistas asesinados en México en lo que va del año, y donde, como lo ha señalado recientemente el informe de la organización Reporteros Sin Fronteras: “México es el país sin conflicto armado más peligroso para la prensa en todo el mundo”.

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