El territorio perdido

    Si hay un lugar donde el Estado ha dejado que sea otro quien gobierne son las cárceles locales, en las que no hay hasta ahora un poder formal que se atreva a poner orden a lo que ocurre en su interior

    Si hay un lugar donde el Estado ha dejado que sea otro quien gobierne son las cárceles locales, en las que no hay hasta ahora un poder formal que se atreva a poner orden a lo que ocurre en su interior.

    Las prisiones, como las de Sinaloa, tienen en la forma, mandos que responden a una cadena de manos que forman parte del aparato burocrático estatal, pero en el fondo, cuentan con sus propias reglas de convivencia.

    Y no es nada nuevo, sino que son condiciones que vienen operando y reafirmando desde décadas atrás. En el interior de las cárceles, con todo y la debida vigilancia policial, son otros los que mandan y son otros los que imponen condiciones.

    Por eso es tan normal que en su interior encuentren, cuando se atreven a hacer operativos, armas en manos de reos, que están privados de su libertad pero que tienen la capacidad de armarse.

    Por eso es tan común que haya rencillas dentro de los penales, donde algunos de los participantes terminan muertos, porque se trata de espacios de lucha de poder entre integrantes de la delincuencia organizada.

    Por eso es tan común que algunos de sus integrantes puedan escaparse de la cárcel, porque tienen la capacidad para intimidar, mandar, e imponerse a los sistemas de vigilancia.

    Y por eso es que quien manda en el interior de los penales de Sinaloa pueden ver cómo desde afuera se mandan señales de alerta sobre la ingobernabilidad de las prisiones y pueden estar tranquilos de que no pasará nada, como ha ocurrido hasta ahora.

    Las cárceles siguen estando fuera de las estrategias de seguridad, pues a pesar de que varios diagnósticos han señalado las condiciones en las que se encuentran, como las de Sinaloa, no hay hasta ahora una decisión de la administración pública que se atreva a promover cambios.

    Mientras el Estado no se atreva a modificar la forma en cómo se administra el sistema penitenciario de Sinaloa, en las cárceles estatales seguirá gobernando la delincuencia organizada, esa, a la que el Gobierno aún no ha querido enfrentar.

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