Mazatlán,
en una encrucijada

    Mazatlán se encuentra en una de esas encrucijadas históricas que marcará su devenir en los próximos años como destino turístico y ciudad habitable.

    El trabajo realizado en los últimos años por las autoridades estatales, la apuesta de los empresarios y el trabajo de los mazatlecos para convertirlo en uno de los principales destinos turísticos de México ha dado frutos.

    Sin embargo, el éxito tiene un costo y en este caso un precio muy alto que plantea retos descomunales a un puerto que sueña con ser grande, pero que apenas cuenta con una infraestructura limitada para afrontar la llegada de miles de turistas, atraídos por su belleza, su sabor y su música.

    El Covid-19 es el actual reto que mantiene los hospitales repletos, presionados por el aumento de contagios y un desabasto de medicamentos, al que no se le ve fecha de solución.

    La movilidad en el puerto es otro de los retos que provoca dolor de cabeza, la Zona Dorada y el malecón colapsan cuando un turista decide bloquear un carril para tomarse una foto, imaginen cuando sucede un accidente o se realiza cualquier trabajo de rehabilitación.

    Cuando Mazatlán intentaba salir de la crisis económica de los 2000, la música y la permisividad de los gobiernos locales creó una nueva forma de hacer turismo, hoy las bandas de música regional, las pulmonías y las aurigas convertidas en antros móviles son una pesadilla para el que intenta descansar.

    La construcción de torres que desafían la capacidad de brindar servicios del municipio es otro de los grandes temas que nadie quiere enfrentar y que en cualquier momento podrían provocar colapsos en energía, abastecimiento de agua, recolección de basura y drenaje.

    Crecer cuesta, los grandes destinos turísticos deben planear su crecimiento, deben contar con autoridades y recursos capaces de enfrentar los grandes retos, antes de que sea demasiado tarde.

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