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CARNAVAL 2009
Libera Rigo Lewis sus "demonios"
La penumbra de los almacenes donde trabaja apenas ocultan sus secretos, abra la puerta y deslícese en silencio, antes de que lo descubra el Rigo Lewis y lo convierta en uno de sus personajes de Carnaval
Ariel Noriega
07/02/2009 | 00:00 AM
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Alguien se acerca a la Carroza Real en construcción y comenta su belleza, pero desliza una ligera crítica: "creo que es muy barroca".
Rigoberto Lewis sonríe y voltea para otro lado, poco después estalla, le explotan las manos, le salen peces con colmillos y escamas brillantes, monos enloquecidos, pavoreales pensativos, anacondas gigantescas, ríos de espuma, arlequines multicolores, caballos alados, diminuta joyería de oropel destinada a seres de pesadilla que sonríen porque son pura fiesta.
Y como en un murmullo, entre bocanadas de humo, termos de café negro, mentadas de madres, toneladas de engrudo y kilómetros de papel, Rigo deja en claro que eso es el Carnaval: "puro barroco".
Rigoberto Lewis no sólo es el constructor de las carrozas del Carnaval, es el Carnaval mismo, una tradición viva, un monstruo de modales imprevisibles y lunas para asustar a cualquiera.
Encerrado en los almacenes que guardan sus queridas carrozas, Lewis prepara el Desfile de Domingo de Carnaval, la tradición mazatleca con detalles diferentes al resto de los carnavales de México, un regalo profundamente familiar y cuyo estilo se ha ido fermentando en los laberintos abigarrados de la mente de su constructor.


Para el mundo
Este año el Desfile de Carnaval presentará un trocito de los mejores carnavales del mundo y cada carro alegórico, cada carroza, presentará lo más característico de las fiestas de Sao Paulo, Río de Janeiro, Versalles, Venecia.
Obligado por las dimensiones mastodónticas de los carros, Rigoberto Lewis trabaja en cinco almacenes diferentes, a marchas forzadas y acuciado por el aumento de los precios de los materiales
"Con el precio de cinco carros del Carnaval de Veracruz, yo hago 32 carros, y hay que ver la calidad, nunca se van a comparar, ya quisiera un veracruzano tener a Rigo", asegura el constructor de las carros alegóricos.
Rigo vive en un Carnaval eterno, en 1960 hizo su primer Carroza Real para Lupita Rosete Aragón y tiene sus fechas marcadas con negro en su calendario personal: el día de la muerte de su madre y dos años,1995 y 2004, cuando no fue llamado para construir las carrozas que comenzó a construir de niño, montadas en carretillas para niños.
Después del Segundo Desfile de Carnaval, uno podría pensar que Rigo descansa un año entero, pero su casa, su familia, su vida, son una extensión más de la fiesta mazatleca.
Ahí guarda bocetos de las primeras carrozas, garabatos para los ignorantes, borradores que crearon vestidos de reinas, magia pura.
Una de sus pasiones son los perros, casi todos recogidos en la calle o regalo de sus amigos cercanos. Tiene 14 y los trata y alimenta como a personas, ellos son un detalle más de su mundo carnavalero, cada una de las perras tiene el nombre de alguna de las reinas de carnavales pasados.
"Una de ellas ya se me murió, era guapísima, como fue la Reina Pamela".
Pero no todo es felicidad en los almacenes donde se construyen los carros, cada año Rigo sufre, en ocasiones su corazón tambalea y termina en alguna sala de urgencias, este año asegura que ruidos extraños han asustado a su personal, pero nada lo tumba, de cada amenaza de infarto regresa renovado y con los fantasmas se habla de tú.
El miércoles no se fue a la cama, hasta que uno de los carros que había declarado fallido, fue destruido, y parcialmente reconstruido.
"Imaginarás el estado de angustia cuando descubrí un carro alegórico que se estaba haciendo mal, me fui a la una o dos de la mañana, tumbando y rehaciendo elementos para reconstruir ese carro".
Encerrado en sus almacenes prestados y con un temor profundo a que las veleidades de la política lo vuelvan a separar del oficio para el que nació, Rigo desbarata intrigas y lucha con los demonios de enemigos que sólo él sabe si existen.
Hace mucho que los pelos se le cayeron de la lengua y aprovecha para dejar en claro que ni la muerte lo separará del Carnaval.
"Mucha gente cree que mi pasión por el Carnaval terminará cuando muera, lo que no saben es que cuando esté en el cielo voy a pedir permiso para venir a darme mis vueltas... o desde el infierno, uno nunca sabe".
El cansancio de años de trabajo se refleja en su cuerpo, pero no en su ánimo.
"El domingo de Carnaval me basta para llenar mis baterías de un año. Y sabes qué me gustaría que dijera la gente, que superé mis carrozas del año anterior".
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