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MIL HISTORIAS QUE CONTAR
Valentina Ramírez: "La Leona de Norotal"
Un homenaje a una de las mujeres que participó en la toma de Culiacán con las fuerzas de Iturbe
06/11/2010 | 00:00 AM
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Corría el año de 1910, cuando Francisco Ignacio Madero, un rico terrateniente del estado de Coahuila, se lanzó a la campaña por la presidencia de la República con el grito de "sufragio efectivo no reelección", la exclamación retumbó en lo más recóndito del país e hizo eco en millones de mexicanos. Sinaloa no estuvo exento de su influencia, cientos de ciudadanos, recién burlados con el fraude cometido por Don Diego Redo, se incorporaron a la lucha formando clubes antirreleccionistas, en principio y posteriormente tomando la carabina 30-30.
El famoso Plan de San Luis promulgado por Don Francisco, el cinco de octubre de 1910, inflamó los corazones de cientos de sinaloenses quienes buscaron crear las condiciones para un levantamiento armado programado para el 20 de noviembre de 1910.
El Plan de San Luis, además de enarbolar la bandera de restitución de tierras a las comunidades indígenas y reivindicar el "sufragio efectivo no reelección" terminaba diciendo: "Conciudadanos, no vaciléis ni un momento, tomad las armas, arrojad del poder a los usurpadores, recobrad vuestros derechos de hombres libres y recordad que nuestros antepasados nos legaron una herencia de gloria que no podemos mancillar, sed como ellos fueron: "Invencibles en la guerra, magnánimos en la victoria" (San Luis Potosí, octubre 5 de 1910").
Esta proclama cruzó ríos, montes y valles llevando el mensaje de insurrección por todo el país.
En Culiacán, desde la llegada de Madero, en enero de 1910, se formaron clubes antirreleccionistas con el propósito de participar en elecciones primarias el 26 de junio y definitivas el 10 de julio del mismo año. La sierra no estuvo exenta de la influencia electoral pues un buen número de residentes se incorporaron al movimiento.

La Arriería y la Revolución
Durante el Siglo 19, la arriería jugó un papel de primer orden, sobretodo, en aquellos estados que basaban su economía en la explotación de metales preciosos, como era el caso de Sinaloa y Durango. A falta de carreteras y de vehículos modernos, para llegar a los centros mineros se utilizaba las recuas de burros y mulas, pues eran estas las que podían transitar por caminos y veredas a lo más intrincado de la sierra. Con los años, los arrieros construyeron redes comerciales a través de las cuales se transportaba todo tipo de productos, las haciendas mineras dependían del sistema de arriería pues hacía posible el enlace entre la sierra y la costa logrando la funcionalidad entre la economía minera de los altos e industrial de las ciudades.
Estas redes, jugaron un papel muy importante en la etapa de la Revolución pues ellas permitieron la comunicación entre los revolucionarios de la costa, el valle y la sierra. Es decir, los arrieros personajes típicos de la época Virreinal y del Porfiriato, eran los periódicos de nuestros días, no sólo llevaban información a los pueblos, ranchos y comunidades sino además por caminos, veredas, acantilados y hondonadas de la sierra, a la luz de una fogata, saboreando una tacita de café, el traguito de mezcal y el cigarrito "macuchi", intercambiaban información, documentos y posteriormente armas con otros arrieros de la comarca. Es aquí donde aparece un personaje central de nuestro tema; El Sr. Norberto Ramírez, padre de nuestra protagonista: Valentina Ramírez Avitia, "La Leona de Norotal".
La familia de don Norberto estaba integrada por 8 miembros: El padre, Norberto Ramírez, la madre Micaela Avitia, sus hijos Atanasio, (fue Presidente Municipal de Tamazula), Juan Francisco, María Valentina, Natividad, Pedro y Pilar.
Vivían en San Antonio, Norotal, Tamazula, Durango, sitio donde nació Valentina en el año de 1893.
El Padre era labrador, cultivaba maíz, frijol y cacahuate en temporada de lluvias, pero a la vez, trabajaba la arriería en la mayor parte del año, compraba granos y otros productos de la sierra a las comunidades circunvecinas y las bajaba a Culiacán. De regreso, transportaba productos industrializados pasando por Tamazula y subiendo hasta el mineral de Topia de Durango. Se puede decir que si bien la familia no era rica, tampoco pobre pues tenía lo suficiente para vivir; unas vaquitas, tierras de cultivo, caballos y mulas para trabajar.
Es probable que don Norberto en sus viajes a Culiacán entrara en contacto con grupos de antirreleccionistas, pues ya existía mucha agitación al respecto y se haya convertido en correo secreto de la Revolución llevando el germen de la rebelión a lo más recóndito de la sierra e inclusive a su propia familia que escuchaba con atención los relatos del padre.
Valentina, lo menciona en entrevista concedida al periodista Leopoldo Avilés Meza en febrero 22 de 1969, donde afirma: "Cuando Francisco I. Madero se lanzó contra el dictador Porfirio Díaz yo era joven y tenía a mi padre. Este de inmediato comunicó a la familia sus deseos de luchar por la libertad de nuestros compatriotas y yo le dije que lo acompañaría pero, poco después murió. En noviembre de 1910, me uní al grupo del General Iturbe pero vestida de hombre con el nombre de Juan Ramírez. Así Juan Ramírez peleó hasta junio 22 de 1911, figurando entre el grupo que tomó la plaza de Culiacán, última del movimiento, derrocando en aquella gloriosa fecha al Gobernador Diego Redo, al General Higinio Aguilar y al Coronel Luis G. Morelos".

Grado de teniente
El grado de teniente, Valentina, se lo ganó en dos intrépidas acciones: La toma de la fábrica El Coloso de Rodas, al capitanear un grupo de insurgentes contra las fuerzas federales que se encontraban disparando ametralladoras desde el interior de la industria, y en la embestida contra el coronel Luis G. Morelos que se encontraba posesionado del Santuario de Culiacán.
Valentina agazapada en la penumbra de la noche, con movimientos tácticos centelleantes, combatió al enemigo, cual lo hace una leona al atrapar a su presa. De esta manera los adversarios dejaron el refugio quedando a disposición de los revolucionarios. Cabe destacar que en la Secretaría de la Defensa Nacional de la ciudad de México se guarda dicho reconocimiento: Grado de teniente, veterana de la Revolución y miembro de la Legión de Honor.

Causa Baja de la Revolución
Ese 22 de junio, dice Valentina, "al estarle dando agua a mi caballo a la altura de la isla de Orabá, éste me tiró el sombrero y un revolucionario que se encontraba a mi lado descubrió mis largas trenzas, llevándome con el general quien después de un interrogatorio, pues pensaba que era espía del enemigo, al descubrir que era mujer, sorprendido me felicitó pero de inmediato me dio de baja pues no admitía al igual que el general Villa a mujeres en sus filas, a partir de entonces se terminó todo olor a pólvora para mí".

El drama de Valentina
De los 6 hermanos, sólo Valentina tuvo conciencia y valor para incorporarse a la Revolución a pesar de ser una niña de apenas 17 años, no vaciló el tomar el Winchester, aún siendo analfabeta; el resto de la familia negó toda participación.
Previo a su incorporación, platicaba Valentina, estuvo estudiando la forma de caminar de sus hermanos, de sentarse, saludar, hablar, y hasta la manera de montar a caballo pues ya había decidido vestirse de hombre para incorporarse a la Revolución.
A fines de noviembre de 1910, los revolucionarios pasaron por San Antonio Norotal, rumbo al mineral de Topia, Valentina y su padre los acompañaron, aprovechando que los hermanos se encontraban trabajando en la milpa, a unos cuantos kilómetros del pueblo. Valentina tomó la carabina, la pistola 44, las cartucheras, la ropa, el sombrero, botas, espuelas y caballo de su hermano Atanasio, el mayor de la familia, y se fue a la bola.
El atuendo es el mismo con el cual aparece en la fotografía de Yáñez, conocida ya por todos. En ella se observa como el atuendo le queda grande, pues el hermano medía 1.85 y ella 1.70 que para ser mujer era algo considerable. Ello le permitió, sin embargo, ocultar su fisonomía femenina desconociendo de mi parte, cómo le hizo para encubrir sus necesidades de mujer.

Menospreciada por sus hermanos
El problema fue que, cuando ella se incorporó al movimiento su madre se encontraba enferma y su hermanita Pilar, de apenas 6 años no estaba en condiciones de cuidarla, pues ella necesitaba una mujer que atendiera sus enfermedades. Meses después, la madre falleció dejando en la orfandad al resto de la familia. Por esto en la fotografía que todos conocemos se observa que Valentina porta un moño negro en señal de luto en memoria de sus finados padres.
Lo anterior, le valió la reprimenda de los hermanos y su desprecio para siempre, jamás le perdonaron que haya abandonado a la madre para luchar por un ideal.
Después de ser dada de baja de las filas revolucionarias Valentina vivió, más de dos décadas en Culiacán, nunca más regresó a su tierra natal e hizo vida matrimonial con el Coronel Federico Cárdenas de quien enviudo años después. Con el tiempo contrajo nuevas nupcias con el Sr. Luis Celis.
A mediados de los 30, casualmente encontró, por las polvorientas calles de Culiacán, al general Iturbe quien le recomendó se fuera a Navolato a trabajar con la familia Almada con quienes trabajó de doméstica por un buen tiempo. En esta ciudad, un día encontró al mayor Antonio Bonifant Garibaldi, quien a partir de entonces se convirtió en su protector.
A principios de 1969, fue atropellada por un carro en la ciudad de Navolato lo que la dejó lisiada para el resto de su vida.

Al asilo de ancianos
Al salir del hospital Valentina, y al ver la condición tan triste en la que se encontraba, el Ayuntamiento de Culiacán le trasladó al asilo de ancianos; a los días se fugó, diciendo: "prefiero morir junto a mis perros que morir prisionera".
En los últimos diez años, vivió prácticamente un infierno, ¿vivió?, se arrastraba en una tablita, por plazuelas, mercados, calles y callejones mendigando una migaja de pan, la Revolución no le mereció ni siquiera una silla de ruedas para los últimos días de su vida.

Muere Valentina
En 1979, Valentina vivía por la calle Josefa Ortiz de Domínguez en la colonia Alcanfores de Navolato, en un pequeño jacal construido de lámina, en el más absoluto abandono y aislada del mundo.
Siendo fiel devota de la Virgencita de Guadalupe, acostumbraba prender veladoras todas las noches- una para cada familiar fallecido- . Tenía muchos perros, los quería como si fueran su propia familia, se dice que uno de estos animales tumbo una veladora, quemándose la casita con Valentina dentro. Cuando los vecinos rescataron su cuerpo tenía quemaduras de primero, segundo y tercer grado, siendo llevada de inmediato a la ciudad de Culiacán donde falleció el 4 de abril de 1979. Sus restos se encuentran en la fosa común del panteón Civil de Culiacán.
La Leona de Norotal, sigue esperando que se le haga justicia, por aquellos que gozan de las mieles de la Revolución, mieles que ella con su 30-30 ayudó a conquistar, el Centenario es un buen momento para rendirle honores y reconocimientos a tan insigne revolucionaria. Adelante.


* El autor es cronista de Costa Rica.



Bibliografía
Avitia Hernández, Antonio, Los Alacranes Alzados, Ed. Impresos Castellanos, México, 2003, 159 p.p.
Hemerografía
Leopoldo Avilés Meza, Una Maderista Olvidada, periódico, El Diario de Culiacán, núm.6823,1969.
Entrevistas:
Prof. Marcos Ramírez Martínez, 09/10/10.
Sr. Eduardo Burgueño Lomelí, cronista de Navolato, 22/10/10. 
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