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Acantilado
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Irad Nieto
06/06/2008 | 00:00 AM
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Ya estaba allí

Hace algunos meses, en un habitual y placentero recorrido por las desoladas librerías de la ciudad, me encontré (cosa difícil) con una grata novedad: la tercera edición de La novela inconclusa de Bernardino Casablanca, del escritor sinaloense César López Cuadras, publicada por Ediciones Arlequín. Con esta novela, López Cuadras ganó el primer lugar en el Primer Concurso de Publicación de Obra Literaria de la Universidad de Guadalajara, en 1993. Lo que me ha sorprendido siempre es que, siendo su primera novela, el autor muestre pleno dominio del oficio narrativo. No es un poeta (aunque los delirios eróticos de sus personajes lo acerquen a veces a la poesía) sino un gran contador de historias, un mentiroso exquisito e irónico.
En La novela inconclusa de Bernardino Casablanca, César López Cuadras hace venir a Sinaloa al famosísimo escritor norteamericano Truman Capote. Es 1975, Capote viaja a tierras sinaloenses para visitar a su amigo Narciso Capistrán, a quien había conocido en Nueva York en condiciones de escritor famélico. Ahora que lo encontró, su nueva imagen le sirvió para resumir el perfil del sinaloense típico: "[?] una figura embarnecida y un paso firme y seguro. Sus jeans se ajustaban al cuerpo, y la media luna horizontal del cinturón contenía una modesta barriga cervecera, que le abría ligeramente la camisa a la altura del ombligo. Adornaba su cara pulcramente afeitada con un copioso bigote de ganadero".
Cansado, con 51 años y quizá sin reponerse aún del tormento que significó escribir A sangre fría (1966), Capote llega a Guasachi, Sinaloa, (donde vive Narciso) para divertirse, comer mariscos y conocer los mentados cuartitos de cerveza que lo acompañarán durante los 8 días de su estancia. De literatura no quiere ni hablar, pero Narciso Capistrán lo recibe (además de con la hielera) con la novedad de que está escribiendo una novela sobre un crimen ocurrido hacía meses en Guasachi. Bernardino Casablanca, hombre práctico, padrote, lenón, empresario exitoso y precoz de la vida disipada, príncipe del talón y dueño del más concurrido burdel de Guasachi: el Casablanca, había sido asesinado. Creyéndose el Truman Capote de su pueblo, Narciso quería escribir una novela acerca del crimen, sólo que el expediente aún no estaba resuelto. Ni podía estarlo.
En Kansas, Capote tuvo acceso a los archivos y expedientes judiciales del caso criminal que indagaba y escribía para el New Yorker, pudo platicar varias veces con el agente asignado a la investigación, Alvin Dewey, y entrevistarse sin temores con la gente de Holcomb, donde habían asesinado a una familia ejemplar. Capote, pues, caminó al lado de un sistema de justicia que funcionaba. Por lo menos hubo una investigación que concluyó con la detención de los asesinos. La suerte de Capistrán no podía ser la misma. En México los expedientes criminales no concluyen: se abandonan, se los roban o se les da "carpetazo". Con el rumor pueblerino y los mitoteros insaciables de Guasachi era imposible escribir una obra basada, fielmente, en un crimen, desde su comisión hasta la sentencia de los condenados. Si aquí los fiscales no investigan y los policías no persiguen, mucho menos detienen, a Capistrán le estaba vedado escribir una réplica sinaloense de A sangre fría pero no una obra de ficción, una novela. Tenía ya "el universo de aldea" como espacio, los personajes prototípicos de dicha aldea y el registro coloquial, alegre y tracalero de su lenguaje; además, una trama perfecta para su historia. Era hora de ponerse a trabajar y despedir a Capote.
La novela inconclusa de Bernardino Casablanca es la novela conclusa que Narciso Capistrán quiso escribir. Si en el inicio de cada libro debemos buscar las claves de su lectura, César López Cuadras nos invita con humor ibargüengoitiano, desde el primer capítulo, a la metaficción. Es una novela que, sirviéndose de la figura de Capote, dialoga con la novela (sus elementos, su técnica) y su relación con la realidad. En este juego de referencias a la ficción, el autor, al igual que Capistrán, conoce perfectamente su universo narrativo: el norte, el habla coloquial, el béisbol, sus personajes cuidadosamente perfilados, los entresijos de la justicia, las drogas, la corrupción. Lo que para otros podrían ser clichés que impiden la creación literaria, para López Cuadras, gracias a su manía de fabular, son recursos que posibilitan la invención de un mundo. Cuando de la mano del mercado apareció la "Literatura del Norte", César López Cuadras ya estaba allí.
elacantilado@yahoo.com.mx, www.akantilado.com

OBRA
-La novela inconclusa de Bernardino Casablanca
-César López Cuadras
-Ediciones Arlequín, tercera edición
-México, 2007, 256 pp.
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