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Columna
La Nueva Nao
La constancia
Alfonso Araujo
31/12/2012 | 00:00 AM
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Estamos a punto de empezar el Año Nuevo, época en la que no faltan las resoluciones y las buenas intenciones de cambios en nuestras vidas. Pero frecuentemente por ahí de febrero o marzo la memoria o la voluntad comienzan a flaquear, de modo que les comparto otro cuento tradicional esta semana, celebrando la constancia.
Durante la Dinastía Ming (1368 – 1644) vivió en la ciudad sureña de Huizhou, en la provincia de Fujian, un estudioso llamado Tang Gao. Aún siendo un joven impetuoso, mientras se preparaba para presentar los exámenes imperiales para el servicio civil, llegó a decir con confianza que un día él obtendría la más alta calificación en la difícil prueba.
Sin embargo, cuando fue a la capital a presentar el examen, falló en su primer intento. Luego volvió a fallar en el segundo, y así pasó lo mismo hasta que fueron pasando los años y el pobre Tang llegó a acumular diez reveses en total. Los letrados de su ciudad se burlaban de él - pues su historia se había hecho famosa – y llegaron a componer y hacer circular un chiste que decía, "Tang Gao fue diez veces a la capital pero las diez veces falló. Quizá porque en la capital hay tantos ladrones, y cada vez que va le roban su premio".
Pero Tang Gao no hacía caso de estas burlas y en vez de rendirse, un día llegó a su estudio y tomó un par de piezas largas de papel especial para caligrafía, en las que escribió estas dos frases:
Estudio y vuelvo a fallar, así mi destino me atormenta.
Fallo y vuelvo a estudiar, así desafío a mi destino.
Satisfecho, colgó estas dos frases en la pared, para tenerlas siempre a la vista y seguir dándose ánimos en su empeño. Además, le pidió a un buen amigo pintor que hiciera para él un cuadro representando a un pescador solitario en su barca sobre el río. Cuando recibió el encargo, escribió él mismo sobre la pintura:
Arrojando al agua una red tras otra, finalmente el pescador atrapará un pez.
¡Ay de aquellos que tan sólo están de pie frente a las aguas, sin hacer más que suspirar!
Con esta determinación férrea y actitud positiva, Tang Gao continuó siempre estudiando e increíblemente, a la edad de 58 años aprobó finalmente los exámenes imperiales y fue elegido para un puesto en la administración de su ciudad. Cuando se supo la nueva, el insólito hecho conmovió profundamente a todos aquellos que lo conocían o había escuchado hablar de él, y el escarnio al que había sido sujeto se convirtió en un respeto universal.
Mis mejores deseos para 2013 a los lectores de esta columna.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China.
alfonsoaraujog@gmail.com

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