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LA DESTRUCCIÓN DEL CENTRO HISTÓRICO DE LOS MOCHIS
Un golpe a la confianza
La demolición de la Colonia Americana unió a los tres partidos políticos representados en el Cabildo, aun con las recomendaciones de Conaculta para conservar el patrimonio histórico
José Refugio Haro
02/09/2008 | 00:00 AM
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Todo ocurrió en un silencioso estruendo.
El 31 de diciembre de 2006 fueron destruidas en un 65 por ciento las casas de la Colonia Americana para que expertos proclives coincidieran en que eran técnicamente irreparables.
Casi un año después, la víspera de la despedida del gobierno de el entonces Alcalde Policarpo Infante, volvieron a entrar los tractores a finiquitar su cometido, esta vez ya con el salvoconducto del gobierno, extendido generosamente por el Cabildo.
Así, llegaron a su fin las elegantes residencias fincadas por los norteamericanos que llegaron a os Mochis, de estilo Mediterráneo-californiano, que es una combinación de italiano, español, norafricano y griego, con elementos del Medio Este, característicos de una época entre 1900 y 1935.


El 'primer acto'
Cuando la prensa local acudió a ver el historicidio, y luego grupos de intelectuales y ciudadanos interesados hicieron presencia y protesta, apareció el Alcalde rodeado de sus fieles escuderos Filiberto Ayala y Herman Leuffer, a asombrarse por lo ocurrido en sus declaraciones públicas.
El "pancho" del Alcalde frente a los reporteros incluyó una presunta irritación y pronunciación de amenazas de multa para los empresarios del azúcar, con, por supuesto, un despliegue teatral de policía.
Incluso colocaron dos agentes a cuidar las ruinas de forma permanente, en tanto la ciudadanía acudía al llamado del Frente de Defensa del Patrimonio Histórico y expresaba su protesta firmando un libro.
Un número aproximado a las 30 mil firmas avaló la demanda de proteger lo que quedaba de la Colonia Americana, pero Infante ya parecía comprometido con otros objetivos.


Autoriza Cabildo a Infante para negociar
Apenas 11 días después del gran atentado a las casas de la colonia, el salón de Cabildo del Ayuntamiento de Ahome albergaba la reunión exigida y esperada para saber la actitud que asumiría la autoridad frente al hecho referido y frente a la protesta de algunos ciudadanos.
Según el acta 73, asisten el Alcalde Policarpo Infante y el síndico procurador Juan Francisco López Orduño, así como Dolores Zamora Lugo, Jesús Armando Gastélum Cota, Nicolás García Castillo, María Amada Sánchez Solís, Miguel Enrique Robles Ussher, Miguel Ángel Cota Romero.
Además, José Isabel Ramos Vázquez, Ángel Gómez Salazar, José Édgar Quintero Camargo, Jesús Alonso Ayala Gaxiola, Cayetano Pabalay Ochoa, todos ellos priistas.
Seguidamente, estaban Raúl Bojórquez Robles, María de la Luz Ramírez Rodríguez, José Hernández Bojórquez, Salomón Sánchez Ruiz y Guadalupe Espinoza Leyva, del PAN, más los regidores del PRD José Yamil Hallal Zepeda y José Rosario López Gil.
No obstante reconocer el valor histórico de las construcciones de la Colonia Americana, los regidores, con el impulso decidido de los ediles priistas, dieron un voto de confianza al Alcalde para "negociar", en caso de que no pudiera expropiarse el área en cuestión.
Facultado por la cargada priista y la anuencia de la oposición, Polo Infante se tomó todo el tiempo que quiso para prolongar 11 meses la culminación de, ésa sí, negociación, hasta que parado en el estribo del adiós, vio en diciembre de 2007, como moderno Nerón, la final destrucción de la colonia Americana.


UNA LARGA ESPERA DE SOLUCIÓN
Durante todo 2007 en los grupos interesados de la sociedad se había vivido un estado tensional, a la espera de que las negociaciones del gobierno con la empresa azucarera tuvieran un desenlace en que privilegiara la conservación de las casas de la Colonia Americana en su estilo arquitectónico.
Que quizá se optara, como en otros lugares de México, por restaurar los edificios e instalar en ellos las empresas, dejando todo como un lugar de atracción turístico-comercial. No se confiaba mucho en el Alcalde, pero no había alternativa.
Pero, como se ve, siempre hubo la determinación de borrar la Colonia Americana porque el objetivo de la empresa azucarera era vender los terrenos a precio de oro, dada su ubicación privilegiada. Todas las gestiones que hizo Infante Fierro fueron un engaño, como lo prueba una gestión sugerida por el INAH ante Concaculta-INBA para lograr su respaldo técnico e institucional para proteger las casas.
Tal gestión del Gobierno municipal ante ambas instancias federales fue interrumpida unilateralmente por la autoridad ahomense, no obstante haber recibido una carta del director de Conaculta, Xavier Guzmán Urbiola, fechada el 29 de mayo, en la que se acepta el valor artístico y cultural de las casas y se solicita al gobierno realizar un trabajo conjunto de protección de los inmuebles.
Precisamente el 29 de mayo de 2007, en sesión de Cabildo, los mismos regidores que habían acordado proteger a toda costa la Colonia Americana en su sesión del 11 de enero, según el acta 73, votan por aceptar una negociación anunciada con bombos y platillos por Policarpo Infante que consistía en aceptar del Ingenio la donación de un terreno de 8 mil 215.189 metros cuadrados en el que se incluían tres construcciones, una de ellas ya ocupada desde 4 años antes para funcionar como la Casa del Centenario, en ocasión de los cien años de vida de Los Mochis, así como una plaza con monumento a la madre que ya era pública desde 30 años atrás.
Se trataba de una "redonación" porque a raíz del cambio de uso de suelo de los terrenos que ocupa la Toyota, la Pontiac y el Caliente, los propietarios del área ya habían entregado ese espacio, sin concretarse en documentos.
Entonces, la compañía negoció dos veces el mismo espacio de donación a cambio de dos concesiones del Ayuntamiento, cuyos representantes misteriosamente fueron anuentes.
También, hasta 2008, todavía seguían las discusiones sobre la situación legal de la Casa del Centenario, incluida en la "donación", además de que la Plaza Histórica de la Ciudad festinada en la sesión de Cabildo del 29 de mayo, resulta hasta la fecha una ficción o promesa incumplida.
De ahí hasta diciembre de 2007, Policarpo Infante Fierro gastó el tiempo en ponderar la bondad de la negociación lograda con la empresa CALMSA, en que más valía "algo que nada" y en los 30 millones de pesos (supuesto valor de la superficie) que ganaba Los Mochis con la donación.


Adiós a la historia
El 16 de diciembre del año pasado fue el epílogo del drama de la destrucción del centro histórico de Los Mochis cuando los tractores de la empresa azucarera, ya con la patente de corso del cambio de uso de suelo otorgada por la misteriosa proclividad del gobierno municipal, entraron a finiquitar el trabajo que habían iniciado la madrugada del 31 de diciembre de 2006.
En cuestión de meses, Alcalde y regidores de Ahome acabaron con uno de los referentes históricos más claros sobre los orígenes de Los Mochis y pasaron por acuerdos previos en que habían reconocido el valor histórico de la colonia Americana y la necesidad de preservarla.
No se entiende el interés supremo que los movió a tal decisión si no se interpreta cada uno de los movimientos y cambios de conducta y criterio por los que pasaron para juzgar un asunto que encerraba por un lado responsabilidad y sentido de pertenencia a la ciudad que gobernaban, y por el otro caían en la sospecha permanente.
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