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LA NUEVA NAO
El experimento más grande de la historia
Alfonso Araujo
06/01/2013 | 00:00 AM
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China es, para fines prácticos, el país más grande del mundo. Aunque Rusia y Canadá tienen extensiones geográficas mayores, se encuentran básicamente despoblados en comparación con el país oriental. Para tratar de poner en perspectiva lo que significa la población china (casi 1400 millones de habitantes), consideremos que esa era la población completa del mundo más o menos en 1860. China tiene entonces, como el país con la mayor población del mundo, los retos más grandes también, y esto se acentúa a medida que nos acercamos a 2020, cuando podremos realmente apreciar los resultados del experimento humano más grande que se haya llevado a cabo en la historia.
Me refiero a la política de un solo hijo, combinada además con el momento histórico que vive China. Veamos lo que esto significa.
La política de un solo hijo entró en vigor a principios de los 80 y fue una reacción a la política de crecimiento demográfico indiscriminado, instituido por Mao Tse-tung. Desde luego en un principio la gente se opuso a una medida tan radical y contraria a las tradiciones chinas, pero tres décadas han pasado desde entonces, y ha ocurrido lo siguiente: una razonable estabilización del crecimiento de la población y un desarrollo sensible en el nivel de vida de la población en general. La gente ha visto el beneficio (económico) de esta medida y hemos llegado a lo inimaginable hace 30 años: el gobierno piensa revocar en el corto plazo esta política (aunque la gente tiene años de poder tener más de un hijo, pagando cierta sanción económica), pero ahora son las mismas parejas jóvenes en las zonas urbanas desarrolladas las que se esperan más tiempo para tener bebés, y algunas de ellas incluso contemplan la idea de no tenerlos, creando las llamadas "Familias DINK" (doble ingreso y no hijos, por sus siglas en inglés).
Es difícil de aquilatar esta actitud si no se tiene una idea de lo profundamente opuesta que es a los valores chinos tradicionales, donde literalmente no tener hijos es la peor ofensa que hay.
Pero incluso dejando de lado este cambio de mentalidad, que es propia y común de sociedades que alcanzan cierto nivel de prosperidad, hay una interrogante apremiante para la que no hay respuesta, pues no existe precendente: ¿Cómo es y cómo se comporta una sociedad de hijos únicos?
En la siguiente columna consideraremos este hecho en el contexto del momento histórico que vive China en su relación con el resto del mundo y, con Occidente en particular.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China.
alfonsoaraujog@gmail.com
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