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La Nueva Nao
Confucio y su discípulo Zi Lu
Alfonso Araujo
17/03/2013 | 00:00 AM
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Como el tema de la Reforma Educativa sigue siendo ampliamente discutido, he aquí una historia tradicional más acerca de la educación en China.
Confucio (551–479 a.C.) fue uno de los pensadores más importantes de la historia (no el inventor de la confusión como algunos piensan), y en China es considerado el maestro por excelencia. Fue el fundador de una escuela de pensamiento que influenció toda la historia china y que ha perdurado hasta nuestros días. Empezó a estudiar la historia y el comportamiento humano muy temprano en su vida, y tras 30 años de reflexionar, llegó a las conclusiones que lo llevaron a establecer su propia escuela, donde llegó a tener más de 3 mil estudiantes. De éstos, hubo 72 alumnos distinguidos que más tarde propagaron sus enseñanzas y que son conocidos como "los maestros confucianos".
Confucio tuvo un alumno llamado Zi Lu quien, hasta antes de conocerlo, se había dedicado a practicar las artes marciales y el uso de la espada, y era un joven indomable y más bien jactancioso. No era muy afecto al estudio serio, y frecuentemente causaba conmociones durante las clases de su maestro. En una ocasión llegó con una espada a la clase y se puso a demostrar su habilidad, haciendo movimientos rápidos y saltando por todo el salón, casi llegando a tocar la nariz de Confucio con el filo de su arma. El maestro no se enojó y hasta parecía divertido viendo la travesura. Como Zi Lu veía que no obtenía la reacción esperada, enfundó su espada y mohíno, hizo ademán de retirarse, pero el maestro le dijo: "Te aprovecharía más estudiar cultura conmigo que desperdiciar tu tiempo haciendo tonterías el día entero".
Indignado, Zi Lu contestó: "Desde pequeño ha sido buen arquero y espadachín, ¿de qué me sirve leer un libro?"
El maestro dijo, "instruirte y cultivar tu mente es como tomar un pedazo de bambú y ponerle plumas detrás y una punta delante. Sin plumas, la flecha no tiene dirección; sin punta, no penetra en su objetivo".
Zi Lu aparentó desairar esta respuesta y se retiró. Pero esas palabras le habían calado hondo y a partir de entonces, en secreto escuchaba todas las clases de Confucio, parado detrás de una columna. Con el tiempo apreció cada vez más la vasta cultura de su maestro, y llegó un día en que no se separaba de su lado, para poder escuchar todas sus palabras. Más tarde, Zi Lu dejó atrás sus malos hábitos y, reverenciando la enseñanza de Confucio, se convirtió en el más adelantado y respetado de todos sus estudiantes.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China
alfonsoaraujog@gmail.com

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