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La nueva Nao
Terremotos en China
Alfonso Araujo
21/04/2013 | 00:00 AM
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En 2008 la región de Sichuan en China Occidental fue azotada por el peor terremoto de su historia, un desastre en el que perdieron la vida alrededor de 90 mil personas. Hoy, casi cinco años a la fecha (12 de mayo) se registra un nuevo temblor en la zona y si bien no ha sido de tan nefastas proporciones, no es tampoco cosa menor: más de cien muertos, miles de heridos y gran parte del pueblo de Lushan, destruido.
Pero más que el recuento de los daños me interesa la respuesta a los eventos. Durante esos días la principal operadora china de celulares hizo una cuenta de banco a la que se podían depositar 10 centavos (20 centavos de México) marcando tres dígitos. En una semana la población donó casi 70 millones de dólares estadounidenses. Esos son 4 mil 400 millones de donaciones de la población civil, además de que la mayoría de los gobiernos locales pidieron a sus oficiales que donaran parte de sus salarios. Mis suegros, ambos oficiales de nivel medio, donaron casi 28 mil pesos.
Cuando se detectó que unas personas habían empezado a lucrar con cargamentos de mantas y alimentos destinados a la zona afectada, fueron encarceladas de inmediato y se anunció pena de muerte a todo aquel que se atrapara en el mismo caso. Bárbara Díaz, una ex alumna mía que estudiaba en China en ese momento, apuntó en un ensayo:
"Los periódicos aparecieron con una impactante contraportada negra, y se solicitaba a la población que a las 14:28 horas encendieran alarmas y cláxones durante 3 minutos. A final de mi clase de comprensión ... la maestra nos pidió que nos acercáramos al ventanal para cumplir con lo solicitado. De pronto un ruido de todo tipo de alarmas se dejó escuchar. Permanecimos en silencio. Cada uno pensando para sus adentros... Los transeúntes en las calles detenidos, mirando al cielo, como si cada uno elevara una plegaria. Tras 3 minutos un silencio pesado lo cubrió todo, dejando a la gente sin poder articular palabra y con la piel de gallina. Caminamos hacia nuestros pupitres y nos retiramos sin decir más".
En aquellos momentos se contaron las historias de heroísmo: maestras que murieron salvando a sus alumnos, niños que fueron rescatados tras días de búsqueda. Hoy se empiezan a contar historias de cómo la vida siguió para quienes su vida fue trastocada.
Dicen los chinos que en tiempos de paz son como los dedos de una mano abierta, cada quien yendo para su lado. Pero en tiempos de tribulación, se cierran como un puño. Hoy, una nueva prueba.

Sígame en mi blog: http://lmndsxtrn.blogspot.com
El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China
alfonsoaraujog@gmail.com

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