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Pega la extorsión ahora a los más pobres;
Pega la extorsión ahora a los más pobres;
Sinembargo.MX
28/10/2013 | 00:00 AM
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MÉXICO (Sinembargo.MX)._ El sector más vulnerable a la nueva y creciente ola de extorsiones en el País, son los pobres. 

La actividad se define como "obligar a alguien a dar algo, un bien patrimonial". Es un delito que se comete seis millones de veces al año en nuestro País, y las entidades donde más ocurren son el Estado de México y el Distrito Federal, afirmó Marco Lara Klahr, autor de Extorsión y otros círculos del infierno. 

Los practicantes de la extorsión en sus diferentes modalidades, la de las llamadas telefónicas que piden dinero por familiares supuestamente secuestrados; la de venta de protección conocida como pago por derecho de piso; la que se paga a funcionarios que amenazan con obstaculizar trámites, o la que se da franeleros para evitar daños a los automóviles, son lo mismo cometidas por delincuentes, que por policías y servidores públicos, de acuerdo con el periodista mexicano. 

La extorsión tiene un campo fértil en países con un débil Estado de derecho, como los que integran la región de América Latina, coincidieron Lara Klahr y los especialistas en el tema Ignacio Cano, del Laboratorio para el Análisis de la violencia e investigador de la Universidad de Río de Janeiro y Beatriz Nájera, académica de la Universidad Don Bosco de El Salvador. 

Los tres participaron en el foro "La extorsión, el gran desafío para las sociedades latinoamericanas", organizado por la Fundación Heinrich Böll en la Casa Lamm.

Extorsiones, 21% de delitos 

En el caso mexicano 21 por ciento de los delitos tiene que ver con extorsión, dijo Lara Klahr, lo que significaría que habría 6 millones de extorsiones al año, denunciadas o no. Van lo mismo desde las llamadas, el cobro para evitar ser molestado, el llamado "derecho de piso", hasta para estacionarse en la calle o que se lleven la basura. También se registran extorsiones en los trenes de parte de militares o agentes federales asociados con maras en contra de migrantes tanto mexicanos como extranjeros.
"Es el segundo delito en incidencia", dijo. 

El 80 por ciento de las extorsiones se sufren en el domicilio, el resto en el transporte, o en las carreteras. La extorsión está presente en 27 de las 32 entidades del territorio nacional, y dónde más se registran es en el Estado de México y el Distrito Federal. 

Una hipótesis de por qué el DF y el Estado de México encabezan el número de extorsiones se debe primero a la concentración de su población, pero también a que hay una mayor integración entre los policías y el crimen.
"No se sabe quién penetró a quién. Hay mucho control de los policías sobre las actividades criminales", dijo el autor.
Se calcula que en México el 54 por ciento de las víctimas son mujeres. 

Los incentivos para cometer la extorsión es la alta impunidad y rentabilidad relacionadas con el ilícito, así como que esté invisibilizado y normalizado. 

En México se registran las extorsiones que se ponen en práctica en los peseros por parte de ex reclusos que bajo el argumento de que no quieren volver a la cárcel ni volver a matar piden dinero a los pasajeros, algo que los asistentes al foro mencionaron y que Lara Klahr retomó. 

Un elemento en común presente en las extorsiones es el miedo, coincidieron los expertos en el tema.
Los sentimientos que aparecen ante una extorsión además del temor son los de coraje e incertidumbre. Las víctimas creen que ellos o sus familiares serán dañados, pero al mismo tiempo tienen desconfianza en el Poder Judicial y dudan si presentar una denuncia o no, revela un sondeo que diseñó y realizó Nájera. 

Aunque lo sufran en mayor escala las personas de escasos recursos económicos, también lo padecen las empresas, como son las mineras en Michoacán por parte de grupos del crimen organizado, que para poder exportar sus mercancías a China a cambio se vuelven cómplices en transportar precursores químicos para fabricar metanfetaminas. 

También están las extorsiones a empresas cometidas por parte de funcionarios de los tres niveles de Gobierno.
Mientras más alto sea el nivel social de una víctima es más probable que se trate de un funcionario público el que haga la extorsión, señaló el reportero.
Lara Klahr pidió dejar de ver a la extorsión como algo natural, ya que en caso contrario el delito seguirá y aumentará.

Brasil, policías reemplazan a delincuentes
En el caso de Brasil, las "milicias surgen en 2007 y lo hacen en favelas para brindar protección por la presencia del narcotráfico. Encabezadas por policías, al paso del tiempo reemplazan a los narcotraficantes. Su poder les permite incluso postular candidatos a puestos de elección popular.
Asimismo, en las regiones que dominan se adueñan del mercado del gas, el agua y el transporte. En cuanto a la protección, incluso llegan a dar recibos, según dijo Cano.
"Son policías que sacaban dinero del narco pero al ver el negocio mutaron a hacerlo ellos mismos".
El fenómeno comenzó a ser visible a partir de 2008, cuando sin saberlo tuvieron entre sus víctimas a periodistas. Tres años después algunos de los integrantes de las milicias fueron condenados. Desde entonces se volvieron más discretos, pero su presencia continua.

Resignación en El Salvador
En el caso de El Salvador, Nájera compartió que ella hizo un sondeo en San Salvador, que arrojó que el delito va en aumento, que las reacciones varían, pero la más frecuente es la de resignación, y en un bajo porcentaje algunos decidieron denunciar, otros se enfrentaron y no pagaron y unos más sólo cerraron sus negocios.
De acuerdo con Cano, en el País sudamericano la extorsión la ejercen grupos de policías en funciones llamados "milicias", quienes a cambio de protección extorsionan a concentraciones de población; en El Salvador son grupos de maras quienes piden "colaboración" a cambio de evitar matar a familiares de los extorsionados, algo que, dicen, no quieren hacer pero deben hacerlo si no obtienen una compensación, refirió Nájera.
El delito está tan asentado que los maras han llegado a decir que pueden dejar de matar, pero no de extorsionar, ya que de algo tienen que vivir.
Cano explicó que los pobres son más vulnerables debido a que tienen menos recursos para protegerse, y si bien la seguridad pública es pagada con los impuestos de todos, los patrullajes más frecuentes se dan en las zonas donde viven los ricos.
Otro elemento es que los delincuentes saben que pueden extorsionar a muchos con pocas personas.

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