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La Nueva Nao
Tlatelolco, la Primavera Árabe, Tiananmen y "Occupy Hong Kong"
Alfonso Araujo
05/10/2014 | 00:00 AM
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A partir de las protestas en Hong Kong (HK) y con la reciente fecha del 2 de octubre en México, he visto esos cuatro eventos ser usados de forma intercambiable y equivalente, en comentarios periodísticos y en redes sociales. Es un aberración hacerlo, y voy a tratar de explicar muy brevemente los porqués, aunque normalmente me toma dos clases de hora y media cada una.
Lo que está pasando en estos días en HK es algo en extremo interesante, pero para quien no es observador serio de China, es faundamental aclarar los siguientes puntos:
1. Sí hay un parecido con las protestas de Tiananmen en 1989, pero no como se argumenta ligeramente: en Tiananmen hubo mucho de jaloneo político al igual que en Tlatelolco, y siendo los estudiantes en general y los chinos en especial propensos a la manipulación por su idealismo y desconocimiento de la "realpolitik", muchos más terminaron involucrados en el movimiento que el núcleo duro de los "convencidos", y algunos de los instigadores terminaron pidiendo asilo en EUA, por supuesto concedido.
Sin embargo el problema en aquel entonces salía de una situación social y política tensa: pocos años de apertura y asombro después del largo periodo de comunismo duro de Mao y una crisis de inflación, desembocaron en las protestas de estudiantes que pedían cuentas.
La protesta de HK está basada en añejas tensiones entre HK y el continente que tienen más que ver con diferencias culturales. Las peticiones de "democracia" son cuando menos curiosas, ya que HK nunca ha tenido semejante cosa, mucho menos cuando estaban bajo la tutela de la corona inglesa. Por ejemplo, entre junio y septiembre de 2005 hubo protestas masivas por la "falta de democracia" en HK, e incluso varios legisladores fueron a la vecina provincia de Cantón a gritar "¡viva la democracia!". En ese entonces, la prensa - por supuesto - también auguró la inminente caída del Partido Comunista.
2. Las realidades en China continental y en HK son muy diferentes, pero no como muchos comentaristas ociosos se dedican a generalizar: ni HK es una "tierra libre" y nunca lo ha sido, ni China es un gulag. Estos son conceptos de los 60. Además, la protesta no puede terminar como Tiananmen o Tlatelolco porque HK y el mundo en 2014 -con noticias omnipresentes, alta visibilidad y la moderna imagen que China quiere proponer al mundo- no se parecen en nada a Beijing en 1989 y mucho menos a México en 1968. La Primavera Árabe tampoco en un evento que pueda ser remotamente comparable porque la situación socioeconómica de Egipto y otros países de la región (destrucción sistemática de la economía, abusos generalizados y porcentajes altísimos de población empobrecida) no es siquiera parecida a la de China hoy, con una clase media en constante ascenso y con mucho que perder si hay inestabilidad. El término de "Primavera Asiática" es un completo desatino. Esto nos lleva al siguiente punto:
3. Esto es un problema hongkongés, no chino, y sería dificilísimo que creara un aglutinamiento social en China como para llegar a un movimiento nacional. Lo que Beijing teme no es el tamaño de una protesta específica ni sus razones, sino su potencial de aglutinamiento nacional.
Desde Tiananmen, solamente ha habido tres instancias de problemas que el gobierno ha considerado lo suficientemente problemáticas como para causar y solamente uno se manejó con mano dura: la manifestación de practicantes de la secta del Falun Gong en Beijing en abril de 1999. Las otras dos fueron una protesta nacional contra Japón (2004) y una huelga de transportistas en Shanghai (2010), que fueron manejados por los medios y con diplomacia, respectivamente.
La protesta de HK no tiene las características como para encender una mecha en la China continental, pues en ella los chinos no se sienten identificados con los problemas que están causando sus compatriotas.
4. Lo que vemos en los medios, occidentales por supuesto, son una mezcla compleja del reseñar el problema en sí, más la necesidad de usar siempre la moderna narrativa antiChina, más los errores de interpretación de comentaristas que no comprenden ni la situación ni su contexto histórico.
Desde que HK regresó a China en 1997, existió la preocupación de que se convertiría en "comunista". Pero nada cambió en la forma de hacer negocios del día a día, al grado de que 17 años después siguen teniendo incluso su propia moneda, y su prosperidad económica en lo macro ha aumentado considerablemente. Por eso regresaron la mayoría de los empresarios que habían emigrado temporalmente a Canadá.
Además, definir a la ligera a la China moderna como "comunista" es un error conceptual. El sistema chino actual poco tiene que ver con el de los 60, o con el de Cuba, o con el estalinismo. Se puede decir que es un sistema "centralizado" pero no comunista porque el segundo implica una dimensión económica que no es homogénea en sistemas así llamados.
5. De acuerdo a las imágenes que hay, el movimiento en HK no sólo se parece sino que toma su nombre del Occupy de NY: un movimiento de gente joven e idealista que no termina de ver el alcance de lo que pide, pero que está a tono con otros movimientos en el mundo.
Los letreros que salen en las noticias de "Stop the Brutal Supression" dan idea del tinte de exageración que el movimiento tiene, pero los medios se han encargado -porque esa es su función- de omitir las opiniones de los hongkongeses que están en contra de las protestas.
6. En momentos como éstos, se le escatima el crédito a la administración china. No hay alguien que pueda decir que hoy mismo el pueblo chino esté peor que en 1975. Sus logros en educación, salud, infraestructura, aumento de riqueza en la población y un largo etcétera no son nada menos que espectaculares, situación que, para enfatizar, no es comparable a los países de la Primavera Árabe, al México del 68 ni a la China de hace tres décadas.
Con todos los problemas (y son muchos) que afronta el gobierno chino en este momento, no se le pueden achacar actitudes obsoletas como si estuviéramos en los 60 y juzgarlo de esa forma, como quieren muchos panfletos que circulan en Internet.
Mi postura de ninguna manera es de apologista de China ni mucho menos; pero sí estoy muy en contra de la argumentación a la ligera y con preconcepciones duras. Se puede opinar todo lo que se quiera de la dimensión moral de un evento como este, pero si se ignoran los factores históricos, políticos, económicos y otros, sigue siendo una opinión incompleta. Ejerzamos la crítica para mejorar las cosas con conocimiento de causa, que para eso es.


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El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China
alfonsoaraujog@gmail.com

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