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Se adentran en la Cueva del Diablo
Desafían al mar de Mazatlán en busca de joven
Don Mario y su hijo Francisco, vendedores de artesanías en la Glorieta Sánchez Taboada, logran su misión especial: recuperar el cuerpo de Francisco Moreno, quien perdió la vida al caer del Faro
Fernando Velasco
08/04/2015 | 00:00 AM
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MAZATLÁN._ Cuando don Mario González Aguilar llega a la Glorieta Rodolfo Sánchez Taboada, los locatarios y vendedores le hacen reverencia. 

Los pasos lentos, que son el lujo de 79 años de vida, le permiten saludar con vehemencia a todo aquel que cruce por su mirada. 

Lo que para los que frecuentan la Sánchez Taboada es habitual, para otros sería incomprensible. Nadie se imaginaría que ese hombre de estatura pequeña, arrugas por todo el cuerpo y de complexión delgada, arriesga su vida para rescatar personas y cuerpos que se pierden en el mar. 

Los clavadistas lo respetan y le permiten el paso para vender artesanías, empleo al que se dedica actualmente después de haber sido de los fundadores del clavadismo hacia las rocas en Mazatlán, en el año 1962. Su hijo, Francisco González Vallejo, de 42 años, lo acompaña y lo ayuda a transportar su mercancía. 

Don Mario tenía cinco años sin tocar el mar, al que le dedicó toda su vida, hasta el pasado viernes 3 de abril, cuando la familia de Francisco Moreno Vidal le pidió un encargo especial: encontrar su cuerpo, que no había sido localizado desde el 27 de marzo, cuando dos hermanos perdieron la vida al caer del Faro hacia el acantilado. 

"Tenía yo cinco años sin entrar al mar, pero cuando esta familia se me acercó, decidimos apoyarlos, porque la desesperación puede ser muy cruel", dice don Mario. 

Acompañado de su hijo Francisco, acudió a la Cueva del Diablo en la búsqueda de Moreno Vidal. Se adentraron en una lancha y tuvieron que nadar 10 de los 100 metros que la cueva tiene de longitud. 

A donde la garganta del diablo ruge estruendosa y ha albergado a decenas de cuerpos en su historia, Francisco y don Mario se adentraron y lograron recuperar el cuerpo, tarea que casi les cuesta la vida y les cobró factura con golpes y lesiones. 

Para Francisco, no tan experimentado como su padre, la labor fue difícil e impactante. don Mario, que en su vida ha recuperado 10 cuerpos del Faro y decenas más del mar, fue quien lo guió en el trayecto. 

"Fue mi papá el que se sabe el camino. Yo lo seguía, y era la primera vez que entraba a la Cueva del Diablo. Muy peligrosa", asegura Francisco. 

Sin equipamiento, padre e hijo arriesgaron su vida en una de las zonas más complicadas de Mazatlán, donde el mar de fondo y el oleaje puede ser letal. Dos personas sin entrenamiento lograron lo que un equipo. completo de salvamento acuático y expertos en buceo no pudieron en una semana, comentan los clavadistas que se congregan en la Sánchez Taboada.
Mientras realiza su venta, don Mario se detiene a ver el mar, a los clavadistas haciendo su labor, y a las personas que pasan. Ha dedicado su vida al mar y ha rescatado a decenas de personas y cuerpos de sus fauces.

PARA RECORDAR
El viernes 27 de marzo, los hermanos Jesús y Francisco Moreno Vidal, de 28 y 19 años, caminaban por una de las laderas del cerro El Crestón cuando cayeron al mar por la zona rocosa, donde se presume fueron lanzados por el fuerte oleaje a las rocas. Ambos fallecieron.

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