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Ernesto Galarza: hombre universal al servicio de los migrantes (II) A propósito de...

Arturo Lizárraga Hernández
11/01/2018 | 04:04 AM

Con afecto para don Guillermo y Lucila Galarza, en Mazatlán.

 

Para Ernesto Galarza la educación fue algo muy importante para lograr el cambio social. Acaso su propia experiencia dentro de las aulas lo llevó a tal conclusión: viniendo de una familia nayarita muy humilde, trascendió su circunstancia hasta lograr reconocimientos internacionales. A pesar de él mismo, pues nunca los buscó; solo su afán de conocimientos y de servicio incondicional a los migrantes lo llevaron a ellos. 

Galarza, como alumno, destacó por su desempeño primero en el Occidental College para recibir estudios básicos en EU, después en la Universidad de Stanford, donde recibió el grado de Maestría y, posteriormente, en la Universidad de Columbia, donde obtuvo con notas sobresalientes el grado de Doctorado en 1944. Ya como profesionista, el Ph.D. Ernesto Galarza fue profesor en las más prestigiadas -y prestigiosas- universidades de Estados Unidos. 

Pero aunque había tenido éxito con su propia educación en condiciones adversas, desde joven se dio cuenta que los mexicano-americanos no tenían oportunidades para estudiar. Por eso dedicó tiempo para buscar formas de brindar educación a los hijos de los trabajadores agrícolas.  

Él confiaba en que la enseñanza era el camino correcto. En su libro Farm workers and Agribusiness in California (1977) -Granjeros y agronegocios en California- escribió: “Vale más la Revolución que viene”, refiriéndose a que era el conocimiento y la educación lo que traería un cambio en la cultura, un cambio que nos haría más humanistas. En esa frase resumió la esencia de su filosofía. Esta idea le daba la energía y el coraje para continuar aprendiendo y actuando por medio de la investigación y el activismo social, siempre con los trabajadores agrícolas, inmigrantes mexicanos a quienes organizó exclusivamente para que ellos mismos defendieran sus derechos laborales. 

Igualmente denunció en manifestaciones públicas lo que pensaba. Por supuesto, siendo un intelectual, también denunció las infrahumanas condiciones de vida en que vivían los migrantes. Escribió casi una veintena de libros, entre los que destacan Strangers in our Fields (1956), Merchants of Labor (1964), Spiders in the House and Workers in the Fields (1970), Barrio Boy (1971) -traducido al español como Traspasando Fronteras-, Farm workers and Agribusiness in California (1977), Tradegy at Chualar (1977), entre otros. La mayor parte de sus obras se encuentran en los archivos del departamento de colecciones especiales de la Universidad de Stanford. En la ciudad de San José, una escuela primaria lleva su nombre y un paseo de arte entre las calles Market y Cuarta en el centro de la ciudad conmemora su legado académico y social; un centro de investigación de la Universidad de Riverside y salas de estudio y bibliotecas de diferentes universidades en California también llevan su nombre. Murió un 22 de junio de 1984 en San José, California, pero todavía se siente mucho la influencia de su trabajo en las comunidades latinas y obreras en los Estados Unidos. 

Ernesto Galarza, muchos años antes de ser postulado al Nóbel, estudió dos primeros ciclos escolares en Mazatlán, en la que entonces era la Escuela  Municipal de Varones Número Tres. 

La escuela era un edificio de dos pisos que antes había sido usada como fábrica y bodega, remodelado para la instrucción de los muchachos de los barrios” (p. 136). Bien pues el edificio todavía existe. Una placa conmemorativa hace falta ahí; otra, en la casa donde vivió, por la calle Leandro Valle. 

POSDATA: Agradecemos a todos los ciudadanos e instituciones que hicieron posible Una Navidad para los Desplazados. Con su apoyo se logró dibujar una sonrisa en los niños y, próximamente, se ayudará a mitigar el frío en los pueblos serranos.

 

arturo.lizarraga@hotmail.com

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