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Sinaloa 2018: la batalla de Clouthier Ágora

Ronaldo González Valdés
03/02/2018 | 04:05 AM

@RonaldoGonVa

 

Una cosa tengo clara: Manuel Clouthier va a dar la batalla en la contienda electoral que se avecina. Más allá del significativo hecho de ser hijo del Maquío, ha sabido llevar con inteligencia su andadura política. Será, sin duda, un protagonista en la competencia por las senadurías en Sinaloa.

 

Su participación como diputado de la bancada panista, aunque no estuviera afiliado, le permitió conocer los tejes y manejes de los talleres en que se fabrican las grillas intra e interpartidistas; su decisión de separarse de esa y cualquier otra línea de partido fue tomada oportunamente, es decir, antes de quedar sepultado por el aluvión del pragmatismo que inundó a dicha organización; muy a tiempo, se abrió la posibilidad de las candidaturas independientes para personajes como él; ha hecho historia ya por ser el primer candidato independiente en ganar una elección por esta vía en Sinaloa, y por ser uno de los tres, junto con El Bronco en Nuevo León y Kumamoto en Jalisco, en haberlo logrado en el estreno de esta disposición a nivel nacional.

 

Con relativa holgura, Clouthier Carrillo logró reunir las firmas y demás requisitos para registrarse ante el INE, lo que queda es mera formalidad de tiempos y cotejo de datos. En Sinaloa, pues, candidato independiente habemus, y qué bueno que así sea, pues esta figura ha introducido aire fresco a la enrarecida atmósfera de las campañas y la política en general.

 

Para Clouthier vale el lugar común que dice que sus fortalezas son también sus debilidades. Su postulación no está apoyada en una estructura orgánica con implantación clientelar, disciplina, compromisos prácticos con sectores de la población, ni experiencia en las lides electorales. Lo suyo es más bien una corriente de opinión, ciertamente nada despreciable, que enarbola los principios del esfuerzo honesto, la preservación de valores como la unidad de la familia, la lealtad solidaria y el emprendurismo. Acá hay un virtual capital político que, sin embargo, polariza al potencial elector: difícilmente Clouthier se pronunciará sobre temas como los matrimonios igualitarios, el aborto, la legalización de la mariguana y la muerte asistida. Y no estoy tan seguro de que a estas alturas, esta agenda “progre” concite sólo la simpatía de sectores visiblemente minoritarios como antes ocurría.

 

En la misma lógica, Clouthier tiene la ventaja de ser un sinaloense de cepa, nadie le puede disputar el arraigo y el conocimiento público de que goza. Eso está muy bien, pero en contraparte, salvo por su candidatura testimonial a la Presidencia de la República el 2012, no tiene un motor externo de atracción de votos, como sí ocurre con Rubén Rocha, por ejemplo, con el caso de López Obrador.

 

A su favor, en otro sentido, puede operar la muy probable polarización de las opciones nacionales entre dos fuerzas, que con toda evidencia serán la que representa AMLO y cualquiera de las que encabezan Anaya o Meade. En una situación de esta naturaleza, Clouthier puede captar el voto del hastío ciudadano ante tanto previsible encono y guerra sucia, lesionando en consecuencia las posibilidades de las fórmulas partidistas al Senado y favoreciendo a la alternativa independiente.

 

Como se dice en la metodología de planeación conocida como FODA, en buena medida las aspiraciones de Manuel Clouthier Carrillo dependerán de la manera en que sepa convertir sus amenazas en oportunidades y sus debilidades en fortalezas. Nada sencillo, pero tampoco nada imposible.

 

 

Y por lo pronto con esta quinta entrega cierro la serie sobre los escenarios electorales en Sinaloa. Digamos, como aquel Julio César al disponerse a cruzar el Rubicón: Alea jacta est.

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