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Centro Histórico y la incapacidad de ordenar Aldea 21

Vladimir Ramírez
18/06/2019 | 04:00 AM

vraldapa@gmail.com

@vraldapa

 

 

 

La llegada del verano y altas temperaturas suelen traer a nuestra mente la inquietud acerca del  eterno dilema del centro histórico de Culiacán y la caótica vida que durante décadas han padecido quienes, a diario, por necesidad o de manera obligada, tienen que transitar las avenidas del centro de la capital de estado. Las horas picos en este sector de la ciudad son de esquizofrenia y caos urbano debido a la gran cantidad de personas, vehículos privados y transporte público que en aproximadamente 800 metros cuadrados, circulan, conviven, disputan y sobreviven diariamente.

 

En contraste, uno puede apreciar experiencias distintas en redes sociales de ciudades como Pontevedra, un municipio de la provincia de Galicia en España, que trata el tema de cómo en esta ciudad se ha ido ganado terreno para reducir el tráfico vehicular y promover los trayectos a pie en las calles más antiguas del casco urbano, y cómo en 10 años el uso de vehículos privados se ha reducido drásticamente y con ello también la contaminación y los accidentes mortales.

 

Fue a principios de los años 90 cuando escuché por primera vez el asunto del creciente tráfico vehicular del centro de Culiacán, desde entonces y hasta nuestros días, se repite en cada gobierno municipal la sobrada y comprometida intención de resolver el problema de la llamada ahora “movilidad urbana”; sin embargo, los esfuerzos de algunos alcaldes y las simulación de otros, desafortunadamente han contribuido más al deterioro y desaprovechamiento de proyectos inconclusos para rescatar, dar orden y quizá algo de armonía a la vida urbana del centro histórico de Culiacán.

 

En los últimos 30 años se ha agudizado la crisis de la vida urbana en esta parte de la ciudad, que se fue desarrollando gradualmente sin que ningún plan o programa del gobierno municipal pretendiera o pudiera evitarlo; por el contrario, ante la vista cotidiana de la ciudadanía, sectores sociales, empresariales, políticos, pero sobre todo ante la presencia de las autoridades municipales, el centro histórico de la ciudad de Culiacán continúa deteriorándose a pesar de todo esfuerzo de remodelación.

 

Las razones siguen siendo las mismas de siempre: la impune y desordenada operación del transporte público, el absurdo uso del primer cuadro de la ciudad como central camionera; además de una desreglamentada y corrupta relación entre autoridades, comerciantes y vendedores ambulantes.

 

Todos estos años se han elaborado proyectos y se han llevado a cabo programas para recuperar la identidad histórica del centro de la ciudad a través de la remodelación del equipamiento urbano, en el que el Instituto de Planeación Municipal ha jugado un papel fundamental; sin embargo, esta institución ha sido también escenario de disputas y ocurrencias que se sortean con las ideas e intereses de cada Alcalde, según sea su relación con ciertas compañías constructoras e inmobiliarias que históricamente se benefician con la información de la planeación urbana.

 

Actualmente el Implan se mantiene sin titular desde la renuncia, el pasado mes de enero, de su antiguo director Juan Carlos Rojo Carrascal, por una intencional falta de comunicación con el Alcalde Estrada Ferreir; lo mismo sucede con la Administración del Centro Histórico, área de la que tampoco se sabe si continua funcionando.

 

Es evidente que en el problema del caos urbano del centro histórico privan intereses económicos y políticos que están por encima del interés de la ciudad y su desarrollo urbano. A pesar de que se han invertido millones de pesos en su remodelación, la falta de voluntad de los involucrados y determinación de las autoridades, amparan el desorden y el  lamentable deterioro de su equipamiento urbano.

Ante esta repetida conducta de las autoridades municipales y el anunciado resultado de más de lo mismo, las preguntas se repiten: ¿cuál es la razón por la que el Gobierno municipal no ha podido sacar los camiones del centro de la ciudad? ¿Por qué se permite el acceso a todo tipo de transporte de carga y carros privados a una zona que por sus características no soporta semejante tránsito vehicular? ¿Por qué se mantienen invadidas las banquetas por el comercio formal e informal sin ninguna consecuencia?

 

Es por ello que experiencias como las de la ciudad de Pontevedra llaman la atención, sobre todo la referencia de un Gobierno municipal que desde 1999 se reelige con el apoyo de la ciudadanía, que aprueba su desempeño y presume notables resultados en el desarrollo urbano de su ciudad. Una experiencia política y gubernamental que encabeza desde hace 10 años el Alcalde Miguel Anxo Fernández Lores, que sería conveniente revisar, sobre todo en el tema de la transformación del centro de Pontevedra, donde lograron que el 70 por ciento del espacio público esté destinado para las personas. Una iniciativa que consiguió cambiar el paradigma de “vamos a mejorar el tráfico” por el de “vamos a recuperar el espacio público”, quienes no dudaron en sacar los vehículos privados y recuperar espacios para las personas, la circulación de los coches quedó prohibida, salvo algunos casos autorizados, los lugares para estacionar los autos quedaron situados fuera del primer cuadro y los peatones se tornaron prioridad absoluta de la ciudad.

 

¿Estaremos listos para hacer posible una realidad como la experiencia del municipio de Pontevedra? 

 

Hasta aquí mi opinión, nos vemos en este espacio el próximo viernes.

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