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Partidos políticos: la historia que viene en Sinaloa Aldea 21

Vladimir Ramírez
16/07/2019 | 04:06 AM

vraldapa@gmail.com
@vraldapa

La historia de los partidos políticos en México ha sido de un constante ajuste y lucha por sobrevivir según su tiempo y circunstancia que, analizada a partir de la Revolución Mexicana, se puede observar cómo su evolución se ha distinguido por sus invariables acomodos y adaptación al momento histórico, en la que sobresale una clase política que desde el poder le ha dado forma y rumbo al destino de nuestro País en al menos los últimos 100 años.

Como dato histórico, el investigador y politólogo José Paoli Bolio en su trabajo titulado “Función social de los partidos políticos y su regulación”, señala que es el Partido Liberal Mexicano formado por los hermanos Flores Magón el primero en surgir a principios de la Revolución Mexicana; también como resultado de esta gesta armada, aparecen el Partido Nacional Agrarista, con orígenes en el movimiento zapatista; el Nacional Cooperativista conformado por artesanos, pequeños propietarios y profesionistas y el Laborista Mexicano, nutrido por sindicatos afiliados a la CROM. Estos partidos representaban una notable división de los sectores sociales entre campesinos, obreros y artesanos, era la época en la que se vivía una disputa entre una clase política prácticamente integrada por caudillos, así surgiría el Partido Nacional Revolucionario (PNR) que cambiaría de nombre a Partido de la Revolución Mexicana y posterior para los años 40 y hasta nuestros días con el nombre de Partido Revolucionario Institucional.

De esta manera se fue configurando, de acuerdo con Paoli Bolio, el actual sistema de partidos en el que para la primera mitad del Siglo 20 surgirían el PAN y otros auspiciados por el Estado mexicano, como el Popular socialista y el auténtico de la Revolución, ya extintos. Se consigna también la presencia del Partido Comunista desde 1919. Posteriormente irían apareciendo y desapareciendo nuevos partidos sin mayor influencia, a excepción del PRD a finales de los 80. El sistema político mexicano fue considerado entonces como un caso muy particular de “democracia controlada” por un sólo partido en el que hasta finales de Siglo 20, el PRI mantendría el monopolio del Poder Ejecutivo con la llegada del PAN y Vicente Fox en el año 2000.

Sin embargo, la llamada transición a la democracia con la alternancia de partidos en los distintos órdenes de Gobierno no ofrecería los resultados esperados por la población que habría depositado sus esperanza con la salida del PRI del Gobierno federal, por el contrario, para la primera década del Siglo 21, el sistema de partidos y su clase política iniciaría su mayor descomposición con un crecimiento insospechado de la corrupción en el servicio público y ejercida cada vez con mayor impunidad por una nueva generación de jóvenes políticos que concibieron en la práctica política y del ejercicio de gobierno, la oportunidad para enriquecerse sin ningún nivel de prudencia ni honorabilidad.

De esta manera, el sistema político de México iría perdiendo toda credibilidad, manifestándose de manera irrefutable en julio de 2018. A un año del hecho histórico-electoral, el País vive procesos de cambio, la llamada Cuarta Transformación de López Obrador y la lección electoral ciudadana propinada a los partidos políticos tradicionales han desequilibrado el viejo orden del anterior régimen, tanto a nivel del Gobierno federal como en las entidades y municipios.

Ante esta nueva realidad, la lógica política sugeriría una revisión exhaustiva de la función social de los partidos, sin embargo hay una clase política desprestigiada que se resiste a ser relegada y trata por todos los medios de incorporarse ahora a los grupos de poder que conforman los gobiernos y órganos de representación de Morena. En caso en Sinaloa ha sido muy evidente con personajes muy bien identificados con el antiguo régimen, que ahora forman parte del proyecto político de Morena para el 2021.

El escenario que parece estar perfilándose sugiere que grupos de poder ya establecidos buscan mantener el control de las instituciones públicas y los partidos en Sinaloa. De ahí que la volatilidad de las lealtades partidarias e ideológicas se mueva en función del proceso electoral del 2021.

Todo indica que en Sinaloa se prepara algo muy parecido a lo que llamó el historiador Pablo González Casanova como el “contrato político”, en alusión a lo que idearon Plutarco Elías Calles y sus seguidores para integrar todas las facciones políticas, resolver sus diferencias y distribuirse el poder. De ser cierta esta hipótesis, la pregunta es quién será el que asuma el rol de “jefe máximo” en Sinaloa.

Mientras tanto, la representación ciudadana en los partidos y la democracia tendrá que seguir esperando.

Hasta aquí mi opinión, los espero en este espacio el próximo viernes.

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