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Moral y política: una inquietante relación Aldea 21

Vladimir Ramírez
02/08/2019 | 04:00 AM

vraldapa@gmail.com
@vraldapa

 

En torno al polémico y reiterado discurso del Presidente López Obrador que llama constantemente a la reconciliación nacional para continuar con el inicio de una nueva nación, todo indica que se pretenden olvidar los agravios de los gobiernos anteriores pero no olvidar la lección del pasado inmediato. Así parece ser el llamado del Presidente, a perdonar las ofensas de la clase política nacional, pero no permitir que de nuevo se repitan en el gobierno de la cuarta transformación.
Un borrón y cuenta nueva que no termina por entenderse y tampoco por aceptarse en una gran cantidad de mexicanos que no están del todo convencidos de que se perdonen los actos de corrupción e injusticia cometidos en el llamado periodo neoliberal que abarca al menos los últimos 36 años de gobiernos dirigidos por una clase política que en su mayoría, todavía está vigente y ejerce poder en el país y en las entidades.

Es entonces cuando este llamado a la reconciliación nacional se vuelve un problema moral y político para el País, sobre todo si concebimos la reconciliación como una noción que alude a la culpa, al perdón, al amor, a la compasión, etc. es decir, a categorías morales que no necesariamente tienen que ver con la noción de política y mucho menos con la historia reciente de nuestro país en la que el pueblo mexicano ha experimentado frente a una clase política corrupta muy bien identificada, una flagrante impunidad, que no manifiesta ningún rastro de culpa, de arrepentimiento que inspire al perdón.

Si queremos lograr entender el llamado de la reconciliación nacional, primero es preciso clarificar cuál es la naturaleza de la relación entre la política y la moral. Una interrogante que habría que resolver y concertar previamente. El politólogo alemán Norbert Lechner en uno de sus escritos sobre democracia y utopía, considera que en tiempos de tensión permanente, los llamados a la reconciliación nacional se vuelven problemáticos, ya que se trata de discursos morales diferentes al discurso político, puesto que el llamado moral es externo a la política no porque ésta sea el campo de poder y del conflicto, sino porque los fenómenos de división y comunidad son concebidos de modo distinto en una y otra esfera.

Este aparente conflicto resulta de especial interés para Lechner, quien considera que en estos casos es importante diferenciar estos dos campos de la política y lo moral, en tanto no se trata de una escisión absoluta, por el contrario esta relación puede ser concebida de dos modos: como noción o disyuntiva. Por una parte, lo moralmente bueno es políticamente justo y viceversa. Posición “idealista” en tanto el ideal -la conjunción de lo bueno y lo malo- es la realidad misma. Por eso podemos saber qué es lo justo. Quienes no lo saben están equivocados, puesto que ningún error es voluntario, pero se le puede persuadir del engaño sufrido, en este caso del periodo neoliberal.

Si bien el discurso de la república amorosa y de la reconciliación nacional de López Obrador es bien recibido por una amplia mayoría de mexicanos, lo es porque de alguna o muchas maneras se le reconoce como una autoridad moral, lo que le ha permitido introducir en su discurso aspectos éticos, históricos e incluso religiosos sin tener mayores consecuencias. Esta ventaja personal del Presidente le ha brindado la posibilidad de enfrentar un conflicto político a partir de la construcción de un discurso moral que le ha resultado eficiente en el plano de lo político.

Considerando que los temas sobre moral y política en nuestra sociedad resultan sumamente complejos, bien valdría la pena plantearnos de nuevo preguntas que nos expliquen en todo caso qué papel juegan y cómo interactúan la moral y la política en los gobiernos de la llamada cuarta transformación, una pregunta que se multiplica y sobre todo se diversifica en sus respuestas a la realidad de cada región y entidad en el País.

Una cuestión que se vuelve aún más complicada si consideramos que la imagen moral de López Obrador no se replica en las figuras políticas de los estados y municipios del País, situación que socaba los logros del triunfo ciudadano-electoral del 2018, quienes habrán de enfrentar los efectos de la feroz revancha de una clase política que, al verse perdonada, regresará de manera insospechada por los medios que le sean posibles para recobrar sus privilegios.

Hasta aquí mi opinión, los espero en este espacio el próximo martes.

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