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A poner sus barbas a remojar EN TRIBUNALES

David Cristóbal Álvarez Bernal
30/01/2018 | 08:19 AM

En colaboraciones anteriores les he platicado de las acciones colectivas en materia ambiental y de la importancia de que, quienes causaron, causan o pueden causar daños al medio ambiente, tanto de los tres niveles de Gobierno como de las empresas, se den cuenta de la fuerza que tiene la figura legal a que me refiero.

Seguramente, los servidores públicos o empresarios que “perdieron su tiempo” leyendo mis comentarios, echaron en saco roto los consejos que les di y, con singular alegría, siguieron dañando el medio ambiente.

Pues déjeme decirles que, el Gobierno de la CDMX pensó exactamente lo mismo y, creyendo que las cosas seguían iguales y podían seguir contaminando impunemente el medio ambiente, acaba de ser sentenciado por el Juez Cuarto de Distrito en Materia Civil de la CDMX, en un juicio de acción colectiva.

¿A qué lo sentenciaron? Pues nada más y nada menos que a reparar el daño ambiental causado durante años y años, por no hacer lo necesario para conservar libre de contaminación algunos canales en Xochimilco.

El Gobierno de la CDMX deberá desarrollar los planes y programas necesarios, pero sobre todo deberá tomar las acciones correspondientes para reparar el daño ambiental y evitar que se siga causando, cuéstele lo que le cueste.

En las acciones colectivas en materia ambiental, si no es posible reparar el daño ya causado al medio ambiente dejando las cosas como estaban antes de la contaminación, la sentencia debe cumplirse dándole valor económico a ese daño.

Sobre el valor económico del daño ambiental, algunos expertos dicen que, tratándose de contaminación como la que fue materia de la demanda de acción colectiva, o la causada por arrojar aguas negras sin tratar o tratadas inadecuadamente al sistema de drenaje o a cuerpos de agua nacionales (lagunas, lagos, canales, océano), o los daños ambientales causados por desarrollos inmobiliarios cercanos a tales cuerpos de agua y a zonas de flora y fauna protegidas, el costo puede llegar a millones de dólares, independientemente de los delitos ambientales que se cometan.

Y para confirmar lo que dicen los expertos, le recomiendo ver las películas “Una Acción Civil” o “Erin Brockovich” que precisamente tratan de casos reales de acciones colectivas por daños ambientales, donde las indemnizaciones que tuvieron que pagar los demandados fueron multimillonarias.

La acción colectiva contra el gobierno de la CDMX es el segundo golpe que recibe por los mismos actos de contaminación.

El primero fue un amparo colectivo.

Será muy interesante ver cuánto le va a costar al gobierno de la CDMX el chistesito, pero lo que le cueste, pudo ahorrárselo si hubiera respetado el medio ambiente.

Seguramente vienen más acciones colectivas de este tipo porque los daños ambientales, por desgracia, son el pan nuestro de cada día.

El medio ambiente es atacado en toda la República y basta darse una vuelta por nuestra ciudad, sobre todo por la zona del malecón cercana a la Laguna del Camarón, para confirmar lo que le digo.

Con la lección recibida por el gobierno de la CDMX se espera que otros gobiernos echen sus barbas a remojar y tomen acciones urgentemente, para evitar ser condenados en una acción colectiva.

Pero también se espera que las empresas y empresarios que también pueden ser demandados por daños ambientales tomen conciencia de los riesgos legales que pueden enfrentar y cambien su forma de hacer negocios.

Al menos se espera que los empresarios verdaderamente inteligentes y con sentido de responsabilidad social (que sí existen en este puerto) lo hagan, los demás, los “gandallas”, seguirán haciendo lo mismo hasta que les den su lección como al gobierno de la CDMX.

Uno de los objetivos de las acciones colectivas, según la SCJN, es generar un efecto disuasivo en la sociedad. Esto quiere decir que las sentencias en ese tipo de juicios deben ser tan severas, que garanticen no solo que el condenado no volverá a dañar al medio ambiente, sino que tampoco lo harán otras personas, al ver el tremendo impacto de la sentencia.

Este objetivo se logra, entre otras cosas, a través de los “daños punitivos” que han demostrado su eficacia en las cortes de USA, donde han tenido indemnizaciones billonarias.

Como vemos, tratándose del medio ambiente, las cosas ya están empezando a cambiar y, quien no lo entienda así por la buena, tarde o temprano lo entenderá por la mala.

Si no me cree, pregúntele al gobierno de la CDMX.

Vamos amigo, si no tiene conciencia social y ambiental, no importa, de perdida demuestre tantita inteligencia y hágalo porque le conviene a su negocio.

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