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Recuperar al hermano ÉTHOS

Rodolfo Díaz Fonseca
23/08/2019 | 04:00 AM

rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf

 

Todos luchamos de manera denodada por recuperar un bien perdido o la consecución de un ideal o meta que nos propusimos. Hasta Jesús puso ejemplos de la alegría que embarga a las personas que recobran una moneda, una oveja o un hijo que habían perdido.

Empero, no todos ponemos el mismo énfasis en recuperar a una persona que a un bien, como enseñó Jesús. La mayoría prefiere esforzarse por recobrar los bienes extraviados, pero no empeña el mismo rigor en recuperar a una persona que se ha perdido en el camino.

En una anécdota que incluyó Hermenegildo Zanuso en su libro Cuéntame otro ejemplo, se narra que un joven italiano llamado Mario falleció al estrellar su moto contra un automóvil, al huir después de arrebatar su bolso a una señora.

El párroco de su comunidad ofició una misa y expresó: Mario era un asaltante, y murió como asaltante. Hace cuatro años era un alumno repetidor de tercer año de primaria. Al cruzar un incendio recibió quemaduras que le costaron 15 días de hospital. Se alivió pero jamás regresó a la escuela. Nadie lo buscó, ni sus maestros, ni sus compañeros, ni sus amigos, ni sus papás. También yo me siento culpable.

El sacerdote agregó: Mario sí escuchaba mis palabras pero sin resultados… En cierto momento ya dejé de buscarlo y me lavé las manos. Sin duda fue un error de parte mía, pero somos muchos los responsables y los culpables de la vida y también de la muerte de Mario. Nos desvelamos por recuperar nuestras cosas, las que Mario nos robaba, mi carro que Mario se llevó; pero nada, nada hicimos por recuperar a Mario, el ladrón que era nuestro hermano.

¿Recupero a mi hermano? ¿Me preocupan y afligen solamente los bienes que he perdido?

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