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Aceptarse uno mismo ÉTHOS

Rodolfo Díaz Fonseca
17/10/2019 | 04:04 AM

rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf

 

La aceptación de uno mismo es el primer paso para construir la personalidad y sentirse contento y satisfecho. Si muchos seres humanos transitan por la vida como espíritus cansados, frustrados y dolientes es, precisamente, porque buscan la alegría y felicidad donde no se encuentra.

Si se quiere ser feliz hay que comenzar por aceptarse uno mismo, lo cual no quiere decir resignarse de manera fatalista a no poder modificar lo que debe ser modificado. Sin embargo, se debe reconocer que lo que no es primeramente aceptado, jamás podrá ser transformado.

En vez de caminar muchas veces nos arrastramos por la vida, porque perseguimos destellos de amor, paz y felicidad en efímeras burbujas que, como pompas de jabón, se deshacen en nuestras manos cuando tratamos de aprisionarlas.

Por paradójico que parezca debemos admitir que el sentido de la vida no se conquista sólo en festivas celebraciones, sino también en los duros reveses, fracasos, derrotas y sufrimientos.

El hilo vital del ser humano se enhebra con alegrías y dolores, risas y desdichas, duelos y nacimientos. No es posible ocultar el rostro a las adversidades, porque ellas también nos enseñan a no confiar sólo en el fuerte caparazón de nuestro ego.

Conviene recordar el soneto “Para recobrar”, del poeta argentino Francisco Luis Bernárdez:

“Si para recobrar lo recobrado/ debí perder primero lo perdido,/ si para conseguir lo conseguido/ tuve que soportar lo soportado.

Si para estar ahora enamorado/ fue menester haber estado herido,/ tengo por bien sufrido lo sufrido,/ tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado/ que no se goza bien de lo gozado/ sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido/ que lo que el árbol tiene de florido/ vive de lo que tiene sepultado”.

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