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La dimensión perdida ÉTHOS

Rodolfo Díaz Fonseca
19/10/2019 | 04:00 AM

rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf

 

Todo debe tener medida; nos referimos a lo que sea susceptible de serlo. Hay quienes sostienen que no todo puede ser medido porque solamente puede medirse lo que tiene magnitud. Incluso, algunas cosas no deberían tener explicación ni medida, como cuando expresamos ante algo inesperado: “¿en qué cabeza cabe?”

Sin embargo, de alguna forma aspiramos a medir casi todo, por eso es posible decir que debemos proyectar nuestra vida de acuerdo a la medida de nuestros sueños, aunque en ocasiones parezcan inabarcables debido a su grandeza, como esos camiones que transportan máquinas enormes y se requiere colocar un aviso que alerte a los demás conductores sobre el exceso de dimensiones.

¿Será, pues, posible medir lo inmaterial o subjetivo, como el arte, el amor y los sentimientos? Quienes afirman que no es posible establecer parámetros confiables al respecto, citan dos frases: “No todo lo importante puede ser medido, y no todo lo que puede ser medido es importante”. Asimismo: “No todo lo que se puede contar cuenta. No todo lo que cuenta puede contarse”.

Empero, quienes abogan por la transformación y mejora, como Joseph Moses Juran, el llamado padre de la calidad, señalan: “Lo que no puede ser medido, no puede ser mejorado”.

Paul Tillich, gran teólogo germano del Siglo 20, solía lamentarse de que el ser humano se debatía en el pantano de la superficialidad; que ya no se cuestionaba sobre lo trascendente, no se interrogaba por su origen ni por su finalidad, no se cuestionaba sobre su ser y su hacer, puesto que había perdido inexorablemente la dimensión de la profundidad:

“El hombre es un ser que se trasciende a sí mismo. Es algo más que superficie, es también profundidad, aunque la profundidad sea una dimensión perdida en nuestra sociedad moderna”.

¿Vivo a profundidad?

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