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La terapia de Dios ÉTHOS

Rodolfo Díaz Fonseca
19/11/2019 | 04:06 AM

rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf

 

La risa y el buen sentido del humor no solamente son bálsamo que contagia alegría y suaviza las relaciones con todas las personas, sino que se convierten también en el mejor antídoto contra el orgullo, soberbia y presunción.

En efecto, en ocasiones nos tomamos demasiado en serio y nos tornamos personas graves, engreídas y refunfuñonas, sobre todo cuando sentimos que tenemos un cargo u oficio demasiado importante, lo que amerita que los demás nos rindan pleitesía y reverencia.

Por eso, reírnos de nosotros mismos es buena medicina para permanecer con los pies en el piso y dotarnos de una conveniente dosis de humildad, como enseñó siempre el Papa Juan XXIII.
Una vez le llegó una carta de un niño llamado Bruno, quien le confesó: “Querido Papa, estoy indeciso, no sé si quiero ser policía o Papa, ¿tú qué opinas?”.

El Papa le contestó: “Querido Bruno, si quieres mi opinión, aprende a ser policía, porque eso no puede improvisarse. En cuanto a ser Papa, cualquiera puede serlo. La prueba es que yo lo soy. Si alguna vez vienes a Roma, por favor hazme una visita y estaré encantado de hablar esto contigo”.

En esta misma línea, el escritor británico Malcom Muggeridge advirtió que el sentido del humor y la fe cristiana no son refractarios e incompatibles, como el agua y el aceite.
“La premisa de que el sentido del humor y la fe cristiana son incompatibles es un completo error. En realidad, los autores de los grandes clásicos del humor: Rabelais, Cervantes, Swift, Gogol… eran todos sumamente religiosos… La risa es verdaderamente la terapia de Dios. Agradezcamos, pues, que cuando las Puertas del Cielo se abran, mezclada con la música celestial, esté el inconfundible sonido de la risa celestial.

¿Practico la terapia de la risa?

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