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Ciudad limpia. Sin basura (Parte I) Ecosistema

Juan Carlos Rojo Carrascal
06/06/2019 | 06:23 AM

La basura es un invento de la humanidad. Ningún otro ser viviente, animal o vegetal, ha generado basura en este planeta. A pesar de esta inobjetable realidad, la gente sigue diciendo “Ese árbol genera un basurero” refiriéndose a las hojas que suelta para enriquecer el suelo que lo alimenta; o “los perros y los gatos hacen un cochinero con la basura” cuando lo que hacen es una primera pepena (muy a su manera claro pues no tienen habilidades para desatar una bolsa, sacar lo comestible y dejarla como estaba). Quizá si se separase previamente, estos animales no destruirían las bolsas con basura que abandonamos en las banquetas. Y digo abandonamos porque pareciese que, una vez puestas en la calle, lo que suceda ya no es responsabilidad de nadie más que del Ayuntamiento a quienes acusamos de “no recoger a tiempo la basura”.

Compartiré con ustedes en esta -y las próximas dos columnas- la práctica familiar con la que evitamos depender a diario del servicio de recolección de basura donde, a decir verdad, el Ayuntamiento hace milagros para sostener lo insostenible.

Es Culiacán, cada persona, produce poco más de 1 kg de basura al día. Es decir, somos responsables de la generación de 300 mil toneladas de desperdicios al año. De este volumen, un 30% es materia orgánica que tendría condiciones para restablecerse a la tierra sin problema. El otro 70% significa el verdadero problema ya que su condición no biodegradable implica deterioro y contaminación del suelo.

Las tres R (Reducir, Reutilizar y Reciclar) son el camino para comenzar el cambio en cada una de nuestras casas, hoy mismo y sin depender de nadie. El acuerdo que venimos construyendo -en mi caso- consiste en aplicar las tres R con todo el énfasis en la primera R (REDUCIR). Si, aquí el orden es fundamental. Tenemos que agotar, antes que nada, las posibilidades de REDUCIR y esto aplica desde el momento en que adquirimos o utilizamos un producto que pronto desecharemos o que simplemente podríamos evitar.

Un ejemplo ya popularizado es el uso del popote, que ahora existen desechables -o reutilizables- aunque siempre la mejor acción será evitarlos. En esto consiste el reducir. Implica no comprar, no depender de algo, pensar siempre antes de adquirir un producto. Lo demás es cuestión de creatividad.

La cajuela de nuestro automóvil trae siempre una dotación completa de bolsas de tela para cuando vamos de compras. Rechazamos la bolsa desechable siempre que podemos. El agua siempre en un bule rellenable. La mejor fruta es la que no viene empacada y podemos incluso evitar aquella que trae pequeñas etiquetas.

En nuestra casa ya no se utilizan productos desechables (vasos, platos, cubiertos, etc.). El unicel es material prohibido. Bolsas desechables, si son necesarias, de papel, productos con la menor cantidad de empaques.

La primera practica que debemos aplicar es REDUCIR. Piénsalo bien y te darás cuenta de cuántas cosas no necesitamos y cómo estamos incrementando, casi de manera irracional, el volumen de lo no biodegradable.

 

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