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Agitador de espíritus Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
17/05/2019 | 04:04 AM

rfonseca@noroeste.com

@rodolfodiazf

 

 

 

¿Qué definición expresaría la función que desempeña un maestro? Son muchas las que se han dado, pero por hoy decidimos quedarnos con la que ofreció Miguel de Unamuno: “agitador de espíritus”.

 

El mismo Unamuno, en una nota necrológica por el fallecimiento del maestro Francisco Giner de los Ríos, manifestó: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aún, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.

 

Hacer pensar y sentir… Maestro no es aquel que enseña solamente conceptos y abstracciones, sino quien ayuda al alumno a descubrir su mundo; quien estimula a tejer pensamientos y sentimientos; en síntesis, quien comunica vida.

 

No cualquiera puede pretender ser maestro. Serlo  es una vocación, una llamada. El ser maestro no se agota en una profesión, ni se reduce a un modo de ganarse el sustento.

 

Por desgracia, señaló George Steiner en su libro Lecciones de los maestros: “Los buenos profesores, los que prenden fuego en las almas nacientes de sus alumnos, son tal vez más escasos que los artistas virtuosos o los sabios..., la mayoría de aquellos a quienes confiamos a nuestros hijos en la enseñanza secundaria, a quienes acudimos en busca de guía y ejemplo, son unos sepultureros más o menos afables. Se esfuerzan en rebajar a sus alumnos a su propio nivel de faena mediocre. No «abren Delfos» sino que lo cierran”.

 

Sin embargo, Steiner reconoció que sí hay verdaderos maestros que permanecen en el anonimato; maestros que son capaces de persuadir y hacer despertar continuamente el don de cada alumno.

 

¿Reconozco a mis maestros? ¿Agitaron mi espíritu?

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