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Meditación cotidiana Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
24/06/2019 | 04:00 AM

rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf




En su desenfrenada carrera por la vida, el ser humano se detiene muy poco para reflexionar y meditar. Son tantas las cuestiones que debe atender y resolver, que apenas le queda tiempo para calibrar el ritmo de su existencia y respirar profundamente. La actividad de la meditación, incluso, la reserva para personas místicas, espirituales, iluminadas o dedicadas a las prácticas religiosas.

Sin embargo, la meditación es parte esencial de la vida cotidiana. El vocablo deriva de la palabra latina meditari, que significaba ir hacia la propia médula o centro de la persona para, desde ahí, caminar y proyectarse al exterior (in medium ire et ex medio ire).

La meditación implica concentración e interiorización, pero no se reduce a un confinamiento o reclusión de la realidad. Se puede meditar realizando las actividades más banales y triviales, pues solamente se requiere ser consciente de lo que se está haciendo, para considerar todo, cuidar los detalles y tomar las medidas adecuadas.

Gisela Zuniga, licenciada en filología, seguidora de Carl Rogers y Willigis Jäger, señaló en su libro Está todo ahí, mística cotidiana, que platicando con Raimond Panikkar le preguntó cuántas horas al día meditaba, a lo que él respondió que las 24 horas.

“Todos y cada uno de los movimientos que hago durante el día forman parte de ello, son meditación: si me preparo una taza de café, lo hago con cuidado, esmero y lentitud, tomando nota conscientemente de cada detalle. Siento la cucharilla con que voy trasvasando el café molido, siento el asa de la cafetera y pongo con cuidado la taza sobre la mesa. Luego la vajilla, sin prisa ninguna, con total tranquilidad. Todo eso, cada uno de esos pequeños detalles, es para mí lo más importante del mundo en ese momento”, explicó.

¿Medito en lo cotidiano?

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