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Elogio de la gratitud Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
19/07/2019 | 04:00 AM

rfonseca@noroeste.com

@rodolfodiazf

 

 

Nada agrada más que encontrar una persona agradecida. Quien es agradecido agrada, en cambio, el orgulloso y soberbio es repelido y rechazado. La persona agradecida es humilde y sencilla, sabe reconocer, valorar y apreciar lo que es y lo que tiene, porque comprende que no es totalmente mérito suyo.

En esa misma tónica de agradecimiento y servicio, Jesús recomendó a sus discípulos que cuando hicieran algo simplemente dijeran: “Somos siervos inútiles, solamente hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lc 17,10).

Una antigua leyenda árabe es muy descriptiva al respecto: “Un hombre joven vagaba por el desierto y llegó a un arroyo de agua cristalina. El agua estaba tan deliciosa que llenó su cantimplora de cuero hasta rebosar para poder llevarle a un anciano de la tribu quien había sido su maestro. Tras una jornada de cuatro días, le ofreció el agua al anciano, quien bebió bastante, sonrió amablemente y le agradeció a su antiguo estudiante tan excelente agua.

“El joven regresó a su casa con el corazón contento. Luego, el anciano le dio a beber el agua a otro alumno, quien la escupió diciendo que era terrible. Tal parece que el agua se había puesto rancia tras haber estado en la cantimplora durante cuatro días. El estudiante retó a su mentor: 'Maestro, el agua estaba horrorosa. ¿Por qué pretendiste que te gustaba?' El maestro respondió: 'Tú solamente probaste el agua, mientras que yo saboreé el regalo. El agua fue simplemente el canal de un acto de bondad'”.

Lo que se agradece no es tanto la magnificencia del don, sino el acto de amor, devoción y respeto con que se entrega. Por eso, el obispo francés Jean Baptiste Massieu expresó: “La gratitud es la memoria del corazón”.

¿Es mi vida un elogio de gratitud?

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