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Una flauta llena de agujeros Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
15/08/2019 | 04:06 AM

rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf

¿Para qué sirve una flauta que no tenga agujeros? ¿Se podrán interpretar hermosas melodías sin esos elementales orificios que posibilitan la entonación y el volumen de sonido? Es claro que no, se requieren esos estratégicos y fundamentales orificios para que los dedos ejecuten notas graves, agudas y sobreagudas.

Sin embargo, puede existir una flauta gastada que tenga más agujeros de los pertinentes, por lo que será ya incapaz de emitir dulces, elegantes y refinados sonidos.

Algo semejante se puede decir del instrumento que somos cada uno de nosotros. Nuestra vida podrá parecer en ocasiones un fracaso; sentiremos que no dimos el ancho, que no actuamos como deberíamos haberlo hecho y que no nos esforzamos lo suficiente. Empero, hay que tener la humildad necesaria para reconocer sensatamente lo que hicimos y lo que nos faltó por hacer, como señaló Florentino Ulibarri en su poema titulado Oración del payaso, del que entresacamos algunos fragmentos: 

“Señor: Soy un trasto, pero te quiero; te quiero terriblemente, locamente, que es la única manera que tengo yo de amar, porque ¡sólo soy un payaso!

"Mi alforja está vacía, mis pies sucios y heridos, mis entrañas yermas, mis ojos tristes, mis flores mustias y descoloridas. Sólo mi corazón está intacto...

"Me espanta mi pobreza pero me consuela tu ternura. Estoy ante ti como un cantarillo roto; pero, con mi mismo barro, puedes hacer otro a tu gusto...

"Acepta la ofrenda de este atardecer... Mi vida, como una flauta, está llena de agujeros..., pero tómala en tus manos divinas. Que tu música pase a través de mí y llegue hasta mis hermanos los hombres; que sea para ellos ritmo y melodía que acompañe su caminar, alegría sencilla de sus pasos cansados... Aquí estoy, Señor”.

¿Ofrendo humilde y generosamente mi pobre vida?

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