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Arreglarse para la fiesta Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
16/08/2019 | 04:10 AM

rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf

Hay en la Biblia una parábola de Jesús que se antoja desconcertante (Mt 22,1-14), sobre un hombre invitado a una boda a última hora y rechazado porque no iba vestido para la ocasión.

Decimos desconcertante, porque si se le invitó de improviso parece injusto despedirlo de la fiesta. Sin embargo, el mensaje de la parábola resalta la importancia de estar siempre preparados con el vestido adecuado.

En nuestra vida atravesamos por muchos momentos aciagos y dolorosos en los que parece impensable vestirnos de comprensión, gratitud, reconocimiento e, incluso, felicidad y alegría. El mejor vestido para esas etapas no es la resignación, fatalismo, desprecio, enojo, resentimiento y frustración.

Roberta Giusti, quien fue una conocida conductora italiana de televisión y falleció a los 42 años víctima de cáncer, solía decir: “Le pido a Dios que gracias a mi actuación y a mis palabras Él ayude a entender lo hermosa e importante que es toda vida humana”.

Al contemplar a tantos enfermos y desahuciados en un viaje que hizo a Lourdes, manifestó: “No puedo…, no debo ya pedir por mi propia salud; a pesar de mi cáncer, yo nada sufro en comparación con estos hermanos; ofrezco a Dios seguir yo con mi cáncer con tal de que éstos se alivien”.

En un programa televisivo comentó: “Oímos noticias, vemos paisajes o novelas y no nos imaginamos que el artista o el locutor que nos entretienen y divierten, podrían caer en cualquier momento en aquella infinita oscuridad, humanamente irremediable que envuelve la actuación de Dios y el más allá”.

La víspera de su muerte, presa de terribles dolores, exclamó las mismas palabras de Jesús en la cruz: “¡Todo está consumado!” (Jn 19,30). Y agregó: “Ahora debo arreglarme para la fiesta…”

¿Me arreglo para la fiesta? ¿Visto el traje adecuado?

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