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El punto rojo Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
19/08/2019 | 04:04 AM

Es muy fácil ver los defectos de los demás. Algunas personas nos convertimos en especialistas en la crítica. Percibimos claramente todas las imperfecciones de las personas, pero no hacemos lo mismo con sus virtudes. Es más, la percepción de sus defectos se convierte en espesa nube que oculta cualquier rastro de alguna cualidad.

Criticar los defectos de los demás se convierte en nuestro deporte preferido. Se nos olvida que estamos hechos del mismo barro y, por lo tanto, arrastramos infinidad de defectos. Incluso, nuestras imperfecciones pueden ser más grandes que las que descubrimos en los demás.
Jesús señaló que nos convertirnos en jueces implacables de los demás, sin ninguna razón o motivo para ello: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lc 6,41-42).
En una ocasión le preguntaron a un maestro: ¿Por qué está triste? Y respondió: “Estoy dudando de la capacidad intelectual de mis alumnos”. ¿Por qué piensa eso?, volvieron a preguntarle. “Les mostré un hermoso tejido de lino en el que pinté un pequeño punto rojo, y les pregunté tres veces: ¿Qué cosa están viendo? Nunca me contestaron: vemos un hermoso tejido de lino, sino que dijeron: Vemos un punto rojo”.
Mahatma Gandhi repetía constantemente que era imperfecto y necesitaba la tolerancia y bondad de los demás, al igual que él debía tolerar los defectos del mundo hasta ponerles remedio.
¿Veo solamente el punto rojo? ¿Critico acremente los defectos?
ronseca@noroeeste.com
@rodolfodiazf

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