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El bordado divino Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
21/09/2019 | 04:00 AM

rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf

 

Son muchas las cosas que no entendemos de la vida. ¿Cuántas veces no hemos exclamado: Y por qué me tuvo que suceder esto a mí? ¿En cuántas ocasiones hemos probado el amargo vinagre del dolor y el sufrimiento? ¿Cuánto luto se ha cernido sobre nuestro cielo? ¿Cuántas desgracias, desavenencias y sinsabores hemos tenido que soportar?

En realidad, es muy grande y pesado el saco de fracasos, frustraciones, pruebas y miserias que hemos tenido que sobrellevar. Al vivir esos momentos dramáticos es normal que nos desesperemos y no les encontremos ningún sentido. Sin embargo, como si fuera un gran rompecabezas, llegará el momento en que comprendamos que cada situación y acontecimiento tenía su razón de ser.

Un hombre recordó con emoción cuando él era pequeño y su mamá bordaba: Siendo yo pequeño, observaba el trabajo de mi mamá desde abajo, por eso siempre me quejaba diciéndole que solo veía hilos feos. Ella me sonreía, miraba hacia abajo y gentilmente me decía: “Hijo, ve afuera a jugar un rato y cuando haya terminado mi bordado te pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo desde arriba”. Me preguntaba por qué ella usaba algunos hilos de colores oscuros y porqué me parecían tan desordenados desde donde yo estaba.

Más tarde escuchaba la voz de mamá diciéndome: “Hijo, ven y siéntate en mi regazo”. Yo lo hacía de inmediato y me sorprendía y emocionaba al ver la hermosa flor o el bello atardecer en el bordado. No podía creerlo; desde abajo solo veía hilos enredados. Entonces mi mamá me decía: “Hijo mío, desde abajo se veía confuso y desordenado, pero no te dabas cuenta de que había un plan arriba. Yo tenía un hermoso diseño. Ahora míralo desde mi posición, que bello”.

¿Acepto, aunque no entienda, el bordado divino?

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