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El arte de envejecer Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
11/11/2019 | 04:00 AM

Cuando se es niño y joven se espera vivir muchos años; en cambio, cuando se acerca la llamada tercera edad se le quisiera espantar para que nunca arribara. Son demasiadas las personas que consideran la vejez una época de disminución de salud, energía y vitalidad.

Siempre han abundado las personas que sueñan con vivir eternamente jóvenes, como un Peter Pan que no quiere crecer, o un Dorian Gray que se resiste al paso de los años.
Los antiguos alquimistas buscaron afanosamente la piedra filosofal que les concediera la eterna juventud; hoy, en cambio, son innumerables las personas que se someten a tratamientos, maquillajes y costosas intervenciones para alejar el fantasma del paso del tiempo sobre su piel.
Sin embargo, constituye un arte llegar a la vejez sin añoranzas, dolores y resentimientos, aceptando el costo y ventajas de esa postrera etapa. Es el momento de valorar más intensamente la vida, de saborear su más dulce néctar y embriagarse de paz, sabiduría y plenitud, porque como dijo el antropólogo Ashley Montagu: “La idea es morir joven lo más tarde posible”.
Es claro que esta sensación de bienestar y felicidad se consigue solamente cuando se ha vivido con orden, pasión, madurez, alegría y generosidad. Las personas mayores deben agradecer continuamente el don de los años, puesto que muchos otros no fueron capaces de permanecer tanto tiempo jóvenes como ellas.
La alegría refleja gozo y satisfacción. Quienes llegan a viejos no pueden privarse de ese preciado regalo que les concede mantenerse joviales, como señaló Honoré de Balzac: “Por el hecho de envejecer no se deja de reír; mas dejar de reír te hace envejecer”.
Quien domina el arte de la vejez no permite que enmudezca su capacidad de vivir, soñar y proyectar.
¿Practico este arte? ¿Disfruto mi edad?
rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf

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