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Entre el César y el no cesar Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
09/12/2019 | 04:07 AM

rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf

Marco Aurelio fue un emperador y filósofo estoico que nació el 26 de abril del año 121 y falleció el 17 de marzo del 180. Durante 20 años estuvo al frente del Imperio Romano y es considerado uno de los mejores emperadores de la llamada Edad de Oro.

Su pensamiento se concentró en su obra Meditaciones, también conocida como Soliloquios, que son sus apuntes personales y no un elaborado sistema filosófico, que plasmó en sus últimos años de vida.

El historiador Herodiano comentó así la doctrina y coherencia de vida de Marco Aurelio: “el único de los emperadores que dio fe de su filosofía no con palabras ni con afirmaciones teóricas de sus creencias, sino con su carácter digno y su virtuosa conducta”.

Como estoico, Marco Aurelio recomendó permanecer impasible y soportar con ecuanimidad cualquier revés: “Cuando busquemos un modelo de vida, fijémonos en una piedra de la playa. Es batida continuamente por las olas, pero ella permanece inmóvil y tranquila, y al final, en torno a ella se adormece la espuma del oleaje”.

Incesantemente recomendó practicar una vida virtuosa: “No vivas como si fueras a vivir diez mil años. Tu destino pende de un hilo. Mientras estés vivo, hazte bueno... Si hay dioses y son justos, te darán la bienvenida con base en las virtudes por las que has vivido. Si no hay dioses, habrás vivido una vida noble que perdurará en la memoria de tus seres queridos”.

Como emperador se cuidó de no gobernar despóticamente, exceso que él mismo definió como “cesarizar”. Por el contrario, su permanente recomendación fue nunca cesar de corregirse: “El arte de vivir se acerca más al de la lucha que al de la danza... no te conviertas en un César”.

¿Me corrijo sin cesar?

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