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Hijas de su tiempo, ¡el nuestro! Kratos

Juan Alfonso Mejía López
30/06/2019 | 04:03 AM

“Girl Power” (Niñas empoderadas) es el título de festival de danza de este año de la academia “Danza Téllez”. Se resume en ocho historias de vida, todas ellas vinculadas a una mujer. Narrativas nacidas en el mundo de lo imposible, derrotadas por virtudes y valores como el talento, la valentía, la creatividad, la genialidad, la tenacidad y la generosidad.
La puesta en escena fue magistral, lo mismo que la interpretación. La danza como medio de expresión, método de aprendizaje y mecanismo de transmisión sobre lo que significa ser mujer en un tiempo particular, el suyo, así de sencillo. La historia lo amerita, la lección de vida lo enaltece; ser testigo del movimiento para darle un trazo cultural a la enseñanza.
Del profesionalismo de sus directoras, de las maestras y de sus alumnas de la “Danza Tellez” hablaré siempre con una subjetividad probablemente sobrada, les profeso una admiración tan particular que pudiera confundirse con lealtad. Sin embargo, “la causa” le dio un ingrediente adicional, porque convoca y compromete: ninguna de esas niñas, nuestras niñas sinaloenses, debe conformarse jamás por menos.
Durante dos horas, quizás sin saberlo, cada una de ellas se convirtió en un bastión portador de un mensaje: si lo sueñas, lo puedes lograr. El camino no será sencillo, te anticipo que estará repleto de momentos enajenadores para que no logres tu destino; la edificación de la victoria se acompaña de fantasmas, todos ellos seres vivientes en una soledad a la que sólo tú podrás hacerles frente, porque creíste en ti y en nadie más.
Confieso que fue hasta ese día y, no antes, que entendí a plenitud las palabras de Malala, cuando me dijo: “Yo no quiero que hablen en mi nombre, más bien busco las Malalas que hay en México y hoy, todavía no tienen rostro”. Me lo compartió durante una cena en 2017, en la que su fundación analizaba la posibilidad de venir a instalarse en nuestro país.
Malal Yousafzai, como otras niñas, tuvo un sueño: quería seguir estudiando; su deseo casi le cuesta la vida el 9 de octubre de 2012, luego de que los talibanes le dispararan tres veces a bordo de su autobús escolar. Con sólo 15 años, una bala le atravesó el rostro dejándola en estado crítico por varios días. Al recuperarse, regresó a defender “su causa”, haciéndose en 2014 al premio Nobel de la Paz. Hoy vive en Birmingham y estudia la Universidad, pero recorre el mundo inspirando a otras a vivir su sueño.
Podrá decirse que las niñas que interpretaron a Ángela Peralta, JK Rowling, Xiang Zhang, Las mambas negras, Shamsia, Alicia Alonso, Coco Chanel y la madre Teresa de Calcuta son sólo eso, niñas e interpretes. Es una forma de vivir “la función”; o bien, son niñas de cara a su circunstancia, forjadoras de un tiempo que les pertenece, tanto como lo deseen. Saber que dos de esas niñas son mis hijas me inunda de emoción.
Disfruto profundamente esta circunstancia, la nuestra. La incertidumbre suele no ser una buena compañera, dirán algunos, aunque es también sinónimo de oportunidad.
Vivimos en medio de una extraña de la repetición de una extraña paradoja. Como al alba del periodo renacentista, oscurecido antes por la guerra de religiones; como la esperanza generada por la revolución inglesa, americana o francesa, antes empantanada por ríos de sangre víctimas del absolutismo. El Siglo 20 terminó con la caída del muro del Berlín; pero no es hasta hoy, treinta años después, que empezamos a descubrir el rostro del Siglo 21: el tiempo de las causas es el periodo de la ciudadanía.
Hoy, en medio de un mundo que se transforma a pasos agigantados, donde lo único cierto es el peso de la posibilidad, ignorando si nuestros pasos se multiplican sobre las cenizas de lo que se fue, o los cimientos de lo que vendrá. Todo parecer ser posible, en los hechos siempre lo ha sido, está en uno que así sea.
¡Enhorabuena a “Danza Téllez”! por esta increíble “función”, pequeña lección de vida, memorable y destacado para todos aquellos que vemos en las pequeñas cosas la construcción de toda una serie de circunstancias posibles en pro de una sociedad cada vez más plena, desde la razón íntima que nos convoca.
Que así sea.

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