Este medio electrónico utiliza cookies para mostrar contenido personalizado y publicidad segmentada relacionada con sus preferencias. Si continúa en nuestro sitio o aplicaciones, entendemos que otorga y acepta plenamente que sus datos recabados serán utilizados mediante las disposiciones y términos de nuestro aviso de privacidad.
Suplementos
  • Novias
  • Gloss
  • Campo
  • Clave de Acceso
  • Tu Casa
  • Tu Salud
  • Tu Auto
  • Politicante
  • Mejor Educación

Antes de que sea demasiado tarde LA VIDA DE ACUERDO A MÍ

Alessandra Santamaría López
21/05/2019 | 04:00 AM

alessandra_santamaria@hotmail.com

@Aless_SaLo

 

Pocas cosas me preocupan o importan realmente en esta vida, pero puedo decir con franqueza que el planeta es una de ellas. No obstante, cuando en septiembre del año pasado, un estudio de Naciones Unidas determinó que tenemos como sociedad global hasta el 2030 para combatir los efectos del cambio climático antes de que sea demasiado tarde y ya nada pueda revertirse, ni siquiera poco, no hice nada. No podía visualizar un futuro donde el cielo no se viera azul siempre, donde caminar por las calles sin toser fuera posible, donde la comida no creciera fresca y abundante.

 

Pero la semana pasada, al igual que los casi 20 millones de personas que viven en la Ciudad de México y en sus alrededores, viví esa realidad.  

 

Como seguramente ya saben, la capital se sumergió en una nata de smog de esas que pocas veces se ven. En los casi cuatro años que tengo aqui, nunca habia visto algo parecido, y mucho menos que durara tantos días consecutivos. Una semana entera sin ver las nubes o, desde pisos altos, más allá de dos o tres cuadras. Las clases se cancelaron en casi todos los planteles, el Gobierno recomendó salir lo menos posible y no hacer ejercicio.

 

De niña tenía tendencias asmáticas. Tal vez sea mental, o tal vez sea por eso que mi cuerpo suele reaccionar aún más a los cambios en el ambiente que los de la mayoría de la gente, y el día que los incendios colindantes a la ciudad empezaron a nacer, sentí un cosquilleo en la garganta. Pero no había estado enferma en todo lo que llevaba de 2019; no le di importancia.

 

Cuando al día siguiente miré hacia arriba y no vi absolutamente nada, más que gris, me preocupé. Y cuando 24 horas después comencé a estornudar sin control y a sentir como los pulmones se congestionaban, acepté que por primera vez en mis 21 años, las consecuencia del maltrato que le hemos dado al planeta iba a afectarme directamente. 

 

Aunque muchas veces antes me ha “caido el veinte”, en el sentido que no fue la contingencia en la ciudad mi primer acercamiento al cambio climático, como afortunadamente no vivo cerca de basureros municipales o ríos donde se vierten residuos tóxicos, nunca antes había sentido con tanta fuerza y proximidad lo que se viene en los próximos años.

 

Los memes sobre la contingencia llovieron en las redes. Bolsas de plástico con “Aire de provincia a 15 pesos” escritas en ellas se compartieron miles de veces. Fotografías comparando el aire de la capital, denso y oscuro, con el cielo despejado de regiones lejanas. Mexicanos de provincia presumiendo la calidad de su estilo de vida versus lo que tenemos que soportar aquellos que por mil motivos terminamos en la Ciudad de Mexico.

 

Pero si el aire, el agua, la comida, la tierra, de los otros 31 estados de la República es superior, no es porque reciban superior cuidado. Es porque hay menos gente.

 

Como no tenía clases, pensé en huir. Hubiera sido muy fácil subirme a un avión (que solo hubiera empeorado las cosas para los que se quedaban y seguían respirando el mismo aire) y aterrizar en el húmedo pero razonablemente limpio aire de Mazatlán. Y me hubiera sentido aliviada. Eso hasta que al caminar por el centro, hubiera visto los camiones locales, que contaminan lo mismo o más que cualquiera de la capital. Hasta que hubiera visto que la gente tiene todavía menos consciencia de la que esperaba, y tiran la basura en la calle. O utilizan plástico en cada momento de su vida, cuando podrían perfectamente no hacerlo. O desperdician agua a lo tonto, sin ponerse a pensar que hay zonas donde escasea, y más pronto de lo que imaginamos esas zonas serán la mayoría y no la excepción.

Sin embargo, tenemos tiempo. No mucho, pero sí algo. Tenemos que ser la generación que cambie las cosas drásticamente; que reeduque a todos, no solo a los niños y a los jóvenes pues no es solo su responsabilidad y ciertamente no es su culpa el estado de las cosas, para que los que vienen después de nosotros tengan una pequeña posibilidad de vivir una vida que valga la pena. 

 

El estudio de la ONU también señaló que una industria dedicada a la explotación de recursos de forma moderada, consciente y limpia, podría traer 65 millones de nuevos trabajos y evitar la muerte prematura de 700 mil personas por respirar aire tóxico. Aunque en la ciudad respiramos ese aire, esta vez nos salvamos, y ahora podemos contribuir a salvar a alguien más. Antes de que sea demasiado tarde. 

 

(Para leer formas fáciles de reducir tu huella hídrica, pueden consultar los artículos “50 ideas sencillas para salvar el planeta” de El País o “40 tips para cuidar al planeta” de Greenpeace).

También de este autor..

Oportunidades