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AMLO lamenta la condena de El Chapo LA VIDA DE ACUERDO A MÍ

Alessandra Santamaría López
23/07/2019 | 04:00 AM

Este fin de semana, una tía me preguntó si en Sinaloa se había dado una reacción fuerte o impactante ante la sentencia otorgada a El Chapo Guzmán en una corte de Estados Unidos. Sentencia que, si todo sale bien, lo mantendrá bajo las rejas por el resto de su vida.

Le respondí que no estaba completamente segura, pero que hasta donde yo sabía, no había pasado nada importante.

“Pero, él es un héroe allá, ¿no”, me preguntó. “La gente lo quiere”. Y es cierto. Mucha gente lo quiere. Cuando fue recapturado en febrero de 2014, unas dos mil personas salieron a manifestarse a las calles de Culiacán y Guamúchil para pedir por su liberación. El evento se volvió famoso principalmente por las mujeres que portaban camisetas con la frase “Chapo, hazme un hijo”.

Sin embargo, en esta ocasión, no muchos sinaloenses parecieron molestarse. Tal vez se deba a que ya se resignaron. El Chapo está en posesión del gobierno gringo desde enero de 2016, luego de ser capturado en un hotel de Los Mochis, por lo que la población ha tenido tres años para acostumbrarse a la idea de que el capo más famoso de la historia de México ya no ronda por nuestras calles. O tal vez comprendieron que este hombre, haya hecho lo que haya hecho por La Tuna, pueblo de donde es originario, sigue siendo un criminal. Un hombre que mató y mandó matar; un hombre que extorsionó, torturó, sobornó, secuestró y facilitó que toda una generación se volviera adicta a las drogas.

Como no había oído de una sola marcha o una sola persona que se sintiera disgustada por la cadena perpetua del capo, pensé con algo de orgullo “A todos les da igual”. Imaginarán mi sorpresa cuando, un par de horas después, leí en las noticias que el Presidente López Obrador, consideró “muy doloroso” el castigo que el Juez decidió darle a Joaquín Guzmán, y tachó de “dura, hostil, inhumana, sí conmueve” a la sentencia que se le impuso al narcotraficante.

En cierto sentido, puedo entender que El Chapo, como millones de mexicanos, es otra víctima de su contexto. Entiendo que creció en una comunidad abandonada, que no le proporcionaba ninguna esperanza u oportunidad para conseguir un buen trabajo y aspirar a una vida mejor. Entiendo que entró al negocio a una edad donde las opciones son limitadas y la experiencia y sabiduría inexistentes. Entiendo que si en algún punto pensó en salir, probablemente se enfrentó a amenazas de muerte o en el mejor de los casos, de pobreza extrema. Pero también entiendo que se vea por donde se le vea, El Chapo no es un buen hombre. “No soy víctima de mis circunstancias sino prisionero de mis decisiones”, dijo el filósofo francés, Jean Paul Sartre. Y Guzmán es un criminal, punto. Me parecen mucho más dolorosos, duros, hostiles e inhumanos los daños que directa e indirectamente les causó a miles de familias mexicanas. Y estas familias, al contrario de él, no amasaron grandes fortunas ahora escondidas. Solo perdieron hijos e hijas.

Dicen que la pena de muerte es inhumana. Que es un acto de fascistas. No voy a hacer reflexiones filosóficas sobre el derecho a la vida una vez que ya se ha nacido porque en realidad, ignoro mucha información sobre el tema y no me corresponde juzgar como si supiera cómo funciona la ley. Pero algo que sí creo firmemente es que uno pierde el derecho a ser tratado con respeto y dignidad cuando deja de tratar a otros de la misma forma. Creo que uno no tiene derecho a quejarse de una condena “inhumana” cuando ha privado de la vida y de libertad a otros humanos.

Por eso me pareció una hipocresía cuando El Chapo, hace tiempo ya, denunció que en prisión no lo dejaban tener contacto con otras personas; que su tiempo para actividad física era muy limitado; que se sentía aislado y deprimido.

¿Se supone que debíamos sentir lástima por él?, ¿Se supone que debíamos estar de su lado, tenerle compasión y piedad? No recuerdo que él haya sido muy misericordioso cuando mató (por orden o por su propia mano) a “familiares y enemigos”, de acuerdo a la Fiscalía de Estados Unidos. Francamente, dicha queja me hizo reír.

Cuando yo estaba en preparatoria, el papá de un compañero de la escuela falleció por estar involucrado, y no me consta de qué forma, con el Cártel de Sinaloa. En aquel entonces, El Chapo aún estaba libre. Desconozco los detalles de su muerte y no me consta que haya sido culpa de Joaquín Guzmán, pero si hombres como él y organizaciones como las suyas no existieran, ese compañero probablemente aún tendría padre. No tengo pruebas, pero tampoco dudas.

 

alessandra_santamaria@hotmail.com
@Aless_SaLo

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