Este medio electrónico utiliza cookies para mostrar contenido personalizado y publicidad segmentada relacionada con sus preferencias. Si continúa en nuestro sitio o aplicaciones, entendemos que otorga y acepta plenamente que sus datos recabados serán utilizados mediante las disposiciones y términos de nuestro aviso de privacidad.
Suplementos
  • Novias
  • Gloss
  • Campo
  • Clave de Acceso
  • Tu Casa
  • Tu Salud
  • Tu Auto
  • Politicante
  • Mejor Educación

El derecho a matar LA VIDA DE ACUERDO A MÍ

Alessandra Santamaría López
06/08/2019 | 04:00 AM

alessandra_santamaria@hotmail.com
@Aless_SaLo

 

Algo que nunca he entendido sobre Estados Unidos es su obsesión con el derecho a portar armas. Uno pensaría que con la cantidad de tiroteos masivos que su población ha sufrido a lo largo de la historia, sus leyes al respecto habrían cambiado aunque sea un poco. Pero no.

Este fin de semana, un joven hombre blanco asesinó a 20 personas en un Walmart cerca de la ciudad de El Paso, Texas. Su excusa: el odio hacia los latinos. Se cree que el terrorista publicó en Internet un documento justificando su futuro ataque como una “respuesta a la invasión hispana” en un estado donde más del 75 por ciento de la población es blanca, de acuerdo con diferentes ONG de la región. Un estado que no le pertenecía a Estados Unidos, en primer lugar.

Me cuesta trabajo entender que así como en México una puede salir a la calle y un día simplemente no regresar porque esa es la suerte que tienen muchas mujeres, en un país al que millones han emigrado, buscando una vida mejor y un futuro próspero para lo suyos, se pueda ir a pasear al centro comercial, o la escuela, a la iglesia, o simplemente a comprar comida a Walmart, y morir.

Morir porque hay degenerados con fácil y libre acceso a objetos con la capacidad de quitar una vida por segundo.

No puedo imaginar el horror, el miedo, la incertidumbre. El saber que ese día pasará a los anaqueles de la historia y uno nunca más será el mismo que era antes.
Pero debe ser aún peor, asumo, el saber que el ataque no es un accidente, coincidencia o casualidad. Que el atacante escogió el sitio deliberadamente porque te odia. Porque cree que tu color de piel y de ojos es desagradable. Porque cree que el idioma que creciste hablando en casa o escuchando en boca de tus abuelos es inferior. Porque cree que los genes que corren por tu sangre te hacen menos. Porque cree que no mereces estar ahí.

En Twitter, el Presidente Donald Trump calificó de “un acto de cobardía” al tiroteo. Pero es el discurso y la manera de actuar de gente como él la que alimenta y permite que cosas así sucedan.

Si nos llama violadores, ladrones y aliens ilegales, ¿qué espera provocar? En verano de 2015, cuando dio su ahora inolvidable discurso de odio para anunciar su candidatura a la Presidencia, plantó una semilla de intolerancia y discriminación que no ha hecho más que crecer. Y estamos viendo las consecuencias.
Me parece indignante que cada vez que un hombre blanco (porque siempre son hombres blancos) ataca a un grupo en específico y tiene conflictos previos con este mismo grupo, algunos medios y políticos conservadores buscan defenderlos ante los ojos acusatorios de la sociedad al decir que eran personas “enfermas” o con “problemas mentales”, ¡y no lo dudo! Pero no son solo eso. Son supremacistas blancos. Son el tipo de personas que defiende la suástica nazi o las reuniones del Ku Klux Klan. Son personas malas. Punto.

Lamentablemente, este tiroteo en Texas coincide con la creciente perturbadora moda de violencia de ultraderecha a nivel internacional. De acuerdo con varios medios que dieron cobertura al acontecimiento, el atacante encaja con cierto tipo de perfil. El de un individuo que bien pudo haber actuado solo pero pertenece a una subcultura del extremismo; una que incita a otras personas resentidas a actuar violentamente. (Por ejemplo, este atacante resentía el aumento de la población hispana, mientras que el terrorista de Nueva Zelanda odiaba a la comunidad musulmana).

Y ambos avisaron al mundo de lo que planeaban hacer, pero nadie los tomó en serio.

La web está llena de amenazas de muerte, de suicidio y de hasta lo que no. Es poco probable que los gobiernos internacionales dirijan esfuerzos reales a monitorear la vida de todos aquellos que escriban cosas perturbadoras en línea. Lo que sí pueden hacer es evitar que estas personas perturbadoras tengan libre acceso a las armas. ¿Cuántos inocentes tendrán que morir para que se haga algo al respecto? ¿Qué es más importante para Estados Unidos, el derecho a la vida o derecho a portar armas? A como va el asunto, este último casi debería llamarse, “el derecho a matar”.

También de este autor..
03-09-2019
27-08-2019
20-08-2019

Oportunidades