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Objeción de conciencia LA VIDA DE ACUERDO A MÍ

Alessandra Santamaría López
29/10/2019 | 04:05 AM

alessandra_santamaria@hotmail.com
@Aless_SaLo

 

Soy de ese tipo de persona que lee los mismos libros y ve las mismas series de televisión, una y otra vez. Una de esas series es la estadounidense “Grey’s Anatomy”, o su versión en castellano, “Anatomía de Grey”.

Este programa cuenta la historia del día a día, tanto profesional como personal, de los doctores de un hospital privado en Seattle, Washington. Uno de estos doctores es Miranda Bailey, una cirujana afroamericana, quien un día tiene que salvar la vida de un hombre blanco con la suástica nazi tatuada en el estómago.

Al contrario de todo valor, impulso o deseo, Bailey operó al supremacista, aunque sus colegas hubieran entendido si ella se se hubiese rehusado. Pero el día que se graduó de la escuela de Medicina (o el día que inició, o el día que entró a trabajar al hospital, no estoy segura de cómo funciona dicho proceso) juró que ayudaría a todas las personas que acudieran a ella, porque la auténtica vocación del médico es sanar sin mirar a quien.

El Juramento Hipocrático, escrito en la antigua Grecia, en su versión actual dice así: “(...) Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones (...) No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase. Tendré absoluto respeto por la vida humana”.

Parece que o el Gobierno de Nuevo León olvidó la existencia de este juramento, o no les importa un pepino, pues la semana pasada, con 35 votos a favor y solo 5 en contra, el Congreso estatal aprobó una ley que permite que personal médico y de enfermería puedan negar sus servicios a ciertos grupos, con base a sus “principios éticos y morales”.

¿Quienes son los grupos más vulnerables? La comunidad LGBT, las personas indígenas, los migrantes, los pacientes con VIH u otras enfermedades de transmisión sexual y las mujeres en búsqueda de un aborto, sobre todo al considerar que en Nuevo Léon, entre el 55 y el 73 por ciento de la población no considera que la homosexualidad sea justificable, señaló una investigación de Animal Político y la Encuesta Nacional sobre Discriminación de 2017, y donde hace tan solo unos meses, una Ley Anti Aborto fue avalada.

“El personal médico y de enfermería que forme parte del Sistema Estatal de Salud podrá ejercer la objeción de conciencia y excusarse de participar en la presentación de servicios que establece esta ley”, dice la ley. El Gobernador Jaime Rodríguez, “El Bronco”, no se ha pronunciado al respecto. Yo dudo que diga algo, y si lo hace, casi puedo apostar no será nada digno de aplaudir.

¿En qué clase de país vivimos? ¿En qué clase de mundo? ¿Por qué las personas son tan egoístas, tan prejuiciosas, tan increíblemente ignorantes?

Esta regulación le escupe en la cara tanto a la Constitución como a la Ley General de Salud y a la igualdad en la que supuestamente vivimos. Y aunque la ley establece que la objeción de conciencia sólo puede llevarse a cabo cuando no se trate de una emergencia, sigue siendo un insulto y un claro acto de discriminación.

Cada vez me queda más claro que en México, en lugar de ir hacia adelante, vamos para atrás, porque continuamos eligiendo a líderes que están perdidos y que no saben qué hacen (Nuevo León es el mejor ejemplo de todos), porque aprobamos leyes que atentan contra la libertad y la integridad de las personas, y Sinaloa no es ninguna excepción.

No sé si sea impresión mía o sea la realidad, pero me parece que en los últimos seis meses, solo escucho noticias malas y se ha vuelto emocionalmente desgastante continuar hablando sobre ellas. Y no es que yo quiera fingir que la vida es color de rosa y todo es bello a nuestro alrededor, pero es cansado sentir que estamos permanentemente en una lucha. Odio esta ley de “objeción de conciencia”. De consciente, no tiene nada.

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