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¡Todos me miran! La Fórmula de la Felicidad

Óscar García
24/01/2018 | 03:00 AM

Escribo esta columna desde los resultados magnificados como sólo los mazatlecos podemos hacerlo del evento de Elección de Reinas. Soy testigo desde diferentes contextos de la pasión que desata la máxima fiesta de los mazatlecos, el Carnaval, pero más importante aún, soy testigo de cómo este tipo de eventos puede impactar positivamente en las jóvenes que participan en ellos.

Estoy convencido que este impacto positivo se genera desde el interior de la familia de cada una de las participantes y que los organizadores del máximo evento sólo pueden ser habilitadores de este proceso.

Con la intención de ser claro en el cómo podemos apoyar a cualquier persona que decide exponerse a la mirada pública, potencializo esta columna.

¿Quién no se ha puesto nervioso cuando le ha tocado hablar en público? Si nos pasa en una clase, al pedir trabajo, al exponer mis ideas ante un reducido grupo. Imagínate en un teatro repleto de personas que, ante el deseo de apoyar a su candidata y con la pasión que nos caracteriza a los porteños, intensifican los comportamientos de sus porras al límite de cualquier temperamento, hasta de la buena educación.

Al responder esta pregunta podemos interpretar cómo los familiares y amigos, antes de exponer a una joven por su belleza a este tipo de eventos, debemos valorar su perfil emocional para que aprenda a controlar las presiones externas y darnos el tiempo justo de sumar competencias, como la de hablar en público bajo un alto nivel de estrés.

Me sorprende de sobre manera todos los “jueces expertos” que surgen en las redes sociales opinando y regalando consejos, y en muchos casos con opiniones rudas hasta el límite de la violencia de las palabras, que, si realmente les preocupara la salud emocional de las jóvenes, en ningún momento emitirían esos “lindos” comentarios. Me encantaría subirlos al escenario bajo el mismo nivel de adrenalina de las jóvenes en ese momento, y que me den las repuestas sugeridas desde una silla o atrás de un ordenador. Estoy de acuerdo que desde que se inscriben las jóvenes deberían estar conscientes de que van a experimentar este tipo de situaciones no tan disfrutables, pero que son parte fundamental del proceso de aprendizaje y transformación como seres humanos.

¿Quién valoró en el momento de la decisión a participar que al final serán sólo dos las reinas, y no puede haber más? Esta afirmación básica implica que si tenemos 11 participantes nueve no serán reinas, y si no las apoyamos a que aprendan de esta experiencia, tendremos a futuro jóvenes frustradas buscando a quién culpar de su “desgracia”.

Es el momento donde los gritos de fraude son la primera señal de que no aceptamos un resultado. No creo en ningún momento que un miembro del jurado tenga la intención de perjudicar a una candidata, lo que sí puedo entender es que como ser humano él tenga gustos y criterios diferentes para emitir su votación. ¿Se imaginan que todos pensáramos igual y hasta tuviéramos los mismos gustos? ¿Cómo sería nuestro mundo? Al contrario, hoy más que nunca debemos de premiar el reconocimiento de las diferencias, que es lo que nos hace únicos como seres humanos.

A esas jóvenes a las que sus amigos y familiares no les ayudan a aceptar un resultado adverso, por el que responsabilizan a otros, les están mostrando que en su vida siempre deberán buscar en los factores externos a quién responsabilizar de los que les pasa, y con todo conocimiento les puedo decir: no podemos cambiar los factores externos, sólo lo que está dentro de nosotros.

Y desde ahí podemos visualizar oportunidades tales como:

¿Qué aprendizajes personales me deja este proceso? Por ejemplo: aprendí a controlar los miedos a caminar, a pararme sin temor ante un público numeroso, a pedir ayuda a otros, tengo más amistades y soy capaz de construir mejores relaciones. Reconocer los desplazamientos positivos nos ayuda a sentirnos mejor al visualizar cómo estas habilidades y competencias desarrolladas me van apoyar en mi vida futura. Eso nos disminuye el sentimiento de frustración ante el reto no cumplido.

¿Cómo me va ayudar esta experiencia en mi propósito de vida? Con conocimiento de causa, todas las candidatas expresan que el vivir esta experiencia las va ayudar a… Es momento de regresar a lo básico, si la joven expresó que quiere ser una mujer exitosa y feliz, podemos mostrarle ejemplos de personas que al perder han ganado. El reto es explicar qué hicieron para ganar después de no haber logrado un objetivo. Todos los exitosos cuentan historias con muchos fracasos en su vida, pero siguen perseverando, siguen ajustando oportunidades, siguen insistiendo hasta llegar. El común denominador de la mayoría de estas personas es que han aprovechado cada oportunidad para fortalecer el carácter, para templar sus miedos y para descubrir y desarrollar sus habilidades y competencias para alcanzar su propósito en la vida.

Desde este espacio felicito a cada joven que se atreve a vivir esta retadora experiencia, sólo de cada una de ellas depende que tan inolvidable y positiva puede ser. Respeto y admiro a los padres, familiares y amigos que desde su intenso amor no permiten que la subjetividad los limite a diseñar un plan de desarrollo personal para el inmenso futuro.

Estoy seguro de que después de una experiencia como ésta hay más situaciones positivas qué enumerar que no deseadas. Es un hecho que siempre vamos encontrar retos pendientes, pero que encauzados correctamente le dan sabor y sentido a la vida. Al final, caminamos bajo la mirada del resto del mundo, hay que aceptar que todos me miran, pero sólo yo decido cómo me quiero sentir. ¿Por qué no decidimos ser felices?

Seguimos aprendiendo juntos desde mi fanpage Oscar García Coach.

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