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Nadie o alguien La Vida de Acuerdo a Mí

Alessandra Santamaría López
30/04/2019 | 04:04 AM

alessandra_santamaria@hotmail.com

@Aless_SaLo

 

 

 

En un mes será oficial: seré licenciada. Escribirlo, y hasta pensarlo me parece gracioso. Acaban de comenzar mis últimas cuatro semanas en la universidad. “El tiempo pasa volando”, siempre decían mis padres cuando era niña, y mientras más crezco, más me percato de que tenían razón.

 

Se me figura que cerré los ojos, y cuando los abrí, ya estaba a un pelo de graduarme. De ser una de los 21 de cada 100 jóvenes mexicanos que inician sus estudios universitarios, y los terminan. Si todo sale bien, para el próximo año posiblemente forme parte del privilegiado 1 por ciento que hace una maestría. No sé como me siento al respecto.

 

Hace dos días, cuando partía de Mazatlán de regreso a la Ciudad de México, conocí en el avión a una joven inglesa, de padres indios, que trabaja para el gobierno de Reino Unido en Bélgica. Tiene 31 años y acaba de ser ascendida en su empresa. “Parece que no te va nada mal en la vida de adulta”, le comenté, pero ella no parecía estar convencida.

 

Aunque tiene un excelente trabajo, tanto que puede permitirse a sí misma pasar dos semanas vacacionando en México por su cuenta; aunque en un país fuera de su lugar de origen legalmente y aunque no la mantienen sus padres, esta mujer aún no considera haber alcanzado el éxito. 

 

Esta interacción me dejó reflexionando en qué consideramos éxito, o cuando es que sentimos que por fin lo hemos conseguido. 

Un gran porcentaje de la población lleva una vida sencilla, una vida mediocre, por decirlo de alguna manera. No creo que la mediocridad sea tan mala como algunos la pintan. La mayoría de las personas serán inevitablemente mediocres, porque el mundo necesita estar lleno de existencias simples para poder subsistir. En los últimos años, con el auge de las redes sociales se les ha dado una plataforma, una voz, a personas que de otra manera no hubieran sido “nadie”. Creo que esto ha influenciado a mi generación que si no tienes a las masas de tu lado, si muchas personas no saben quien eres y no les importa lo que digas o hagas, no eres nadie. 

 

Siento que voy por buen camino, pero frecuentemente me pregunto qué será de mí si no consigo ser “alguien en la vida”, como se dice popularmente. ¿Y cómo sabré si lo soy?, ¿Tendré que ser famosa, o rica, o extraordinaria, o salvar vidas para “ser alguien”?

 

Recientemente intente convencer a mis padres de que debían de estar más preocupados por mi futuro que por el de mi hermano autista, pero como podrán imaginar, no lo logré. Les expliqué que al tener expectativas altas sobre lo que haré con mi vida, también son grandes las formas en las que podría fallar y decepcionarlos a ellos y a mí misma. Mi hermano depende de otros para satisfacer sus necesidades básicas. Al contrario, yo tengo mi cuerpo, mi inteligencia y mi voluntad, argumentaron. Cierto, pero no puedo sacarme de la cabeza que tengo mucho que perder.

 

Mi hermano no necesita de mucho para ser feliz, en cambio yo, y seguramente muchos de ustedes, tienen sed de éxito y reconocimiento laboral, pero simultáneamente quieren disfrutar del amor, de la familia, de la salud, del dinero, de los viajes, de la cultura, de la vida social, de la paz mental, buena autoestima y demás.

 

Supongo que a comparación de otras personas de mi edad, he dado importantes pasos, pero cuando abro las redes sociales y veo a otros incluso más jóvenes que yo, alcanzar grandes cantidades de seguidores, firmar contratos con aclamadas marcas, poner su granito de arena para revolucionar el mundo o contribuir a avances tecnológicos, siento que no soy nada.

Esta clase de pensamientos negativos pueden paralizarnos, por lo que procuro enfocarme en el día a día. Lo que viene para mí es que me graduaré de la universidad. Eso es algo. Algo bueno. Pero vivimos en una época de mucha competitividad. A pesar de lo que dicen las cifras sobre la cantidad de mexicanos que finalizan la universidad, ahora cualquiera puede ser licenciado gracias a una escuela patito. No significa lo que antes era, y no viene con las mismas oportunidades. Tengo decenas de compañeros que sin duda saben hacer exactamente lo mismo que yo, y eso me presiona a buscar en mi interior lo que me hace especial. Eso es lo único que me ayudará a ser “alguien”. ¿Qué haré si nunca lo encuentro, o si sí lo hago y nadie más lo ve?

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