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Diario de un viaje a Asia La Vida de Acuerdo a Mí

Alessandra Santamaría López
02/07/2019 | 03:58 AM

alessandra_santamaria@hotmail.com
@Aless_SaLo



Luego de dos semanas de silencio, en las que tal vez algunos de ustedes se preguntaron dónde estaba y qué pasaba con la columna, me alegra decir que estoy de regreso. Y no solo de regreso a la escritura, sino al País.


Pase los últimos 16 días en Asia. En Japón y Corea para ser específica. Y aunque regresar a casa siempre trae consigo una curiosa mezcla de alivio y descanso, así como nostalgia por lo desconocido y tristeza de regresar a lo cotidiano, este retorno igualmente me provocó un deseo de compartir todo lo que viví del otro lado del mundo.


He tenido el privilegio de viajar con abundancia, pero nunca antes había puesto pie en ciudades de la magnitud de Tokio y Seúl, y lo más impresionante, desde mi perspectiva, es que hace menos de 70 años, Corea estaba en guerra. Poco antes, aún era colonia de Japón. Por su parte, hace menos de ocho décadas, la tierra del sol naciente sobrevivió dos bombas atómicas.


¿Por qué estos países tan chicos, con suelos menos fértiles que el propio, con menos recursos naturales y con pasados también llenos de divisiones y tragedias, tienen economías y gobiernos tan prósperos?


Aunque Japón cabe más de cinco veces en Mexico, ese pequeño país sigue siendo la tercera economía más fuerte del mundo, y su capital es una de las ciudades más desarrolladas de todas.
Mucho se ha documentado y escrito sobre la cultura que predomina en estas áreas. Se ha aplaudido la disciplina de su gente y la prioridad que los políticos le han dado a la educación. Y esta forma de ver el mundo y de dirigir a un país, se nota. 


Siempre me sentí segura. Aunque caminara sola en callejones solitarios, en calles aisladas repletas de albañiles y vías de tren; aunque tomara el metro de noche o muy temprano por la mañana, cargando con mi maleta y con dinero y el celular a la vista, nunca sentí miedo. Los ciudadanos japoneses y coreanos nunca supusieron una amenaza, y esta confianza y tranquilidad permanente es un lujo que no tengo en México. 


Los japoneses son, con toda sinceridad, las personas más amables, educadas y respetuosas que he conocido. Su trato fue en todo momento de lo más excepcional, y su deseo de ayudar, aunque no hablasen tu idioma, era evidente.


El sistema de transporte público de ambos países es limpio, rápido y eficiente. Tiene aire acondicionado permanentemente durante los meses calurosos, y aquellos que utilizamos el metro de la Ciudad de Mexico con regularidad, sabemos que esta característica es todo un privilegio. Pero vale la pena mencionar que es bastante caro, costando un dólar y medio o dos por viaje. Si se compara con los 5 pesos que cuesta el metro de la capital mexicana, o los 7 en promedio que te sale un camión urbano, la tierra azteca suena como un paraíso, pero deja de serlo al considerar que el salario mínimo de Japón y Corea es muy superior al nuestro.  

 

El comercio ambulante es prácticamente inexistente. Solo en una ocasión, en Seúl, me tope con un hombre que vendía bolsas o algo parecido dentro de los vagones del metro, y todos lo veían como si fuera anormal. Por su parte, la gente en situación de calle tampoco es lo más común, pero su apariencia y estilo de vida se ve tan precario como el de los indigentes mexicanos. 


Todos sabemos que la base de la mayoría de las dietas asiáticas es el arroz blanco, asi como aquí lo son el maíz y los frijoles. Lo que no esperaba es que en lugar de consumir mucho pescado, los japoneses y coreanos comen sobre todo puerco, y tener una alimentación con abundantes frutas y verduras es solo para los ricos. Las únicas frutas que la gente como yo se puede costear son la manzana y el plátano, ya que un solo mango puede llegar a costar 25 dólares, y una piña hasta 37. 


Cuando llueve en la Ciudad de Mexico, llueve fuerte durante dos o tres horas. Sucede algo parecido en Mazatlán. En cambio, si allá llueve, llueve todo el día. Sin cesar. 


El clima de Corea en verano es muy parecido al de Sinaloa. Caliente, húmedo, con sol que quema la piel y quita la energía. Lo bueno es que sus ciudades están bien planeadas, y no es difícil encontrar un enorme parque con muchas áreas verdes para descansar. 


Ahora que nuevamente estoy en la ciudad que me vio nacer, pienso en lo extraño que es que hace un par de horas estaba del otro lado del océano. Cada vez que voy a un país nuevo, donde todo me es curioso, diferente y desconocido, regreso siendo un poco distinta. Que maravilla, ¿no creen?

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