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Los alcaldes reprobados OPINIÓN

Ernesto Hernández Norzagaray
07/07/2019 | 11:21 AM

La empresa regiomontana de telecomunicaciones Massive Caller que dirige Carlos Campos Riojas dio a conocer esta semana los resultados de una encuesta por telefonía celular sobre los niveles de aprobación ciudadana de cien alcaldes de todo el país y que tomaron posesión del cargo a finales del año pasado, entre ellos, los de Ahome, Guasave, Culiacán y Mazatlán.

Los resultados que arrojó esta encuesta sobre desempeño institucional son escandalosos solo doce de los cien alcaldes lograron superar el 50% de aceptación y aplicando la máxima de aprobación escolar de 60% sólo fueron tres los que están del otro lado: el priista César Garza de la alcaldía de Apodaca en Nuevo León (61.3%); el panista Héctor Israel Castillo Olivares de Santa Catarina también de Nuevo León (64.1%) y el independiente Alfredo Montoya Santillán de Parral quien es el mejor percibido por sus gobernados (71.4%).

Desconocemos los criterios metodológicos con los que se determinó la muestra de municipios seleccionados, pero por los cuatro de Sinaloa podemos inferir que fueron aquellos municipios con mayor territorio, densidad de población, presupuesto público y mayores niveles de información del país.

Llama la atención de estos resultados que ninguno de los alcaldes de Morena logró superar el 60 por y de esta formación quien estuvo más cerca de lograrlo fue Mario López, alcalde de Matamoros que obtuvo el 51.1%, que globalmente es un reflejo no sólo de capacidades o incapacidades político-administrativas, sino que el origen de su triunfo y el rating lo sigue teniendo López Obrador quien, dicho de paso, tiene un nivel de aprobación que ronda el 80% similar a lo obtenido cuando dejó de ser jefe de gobierno del desaparecido Distrito Federal.

De ese tamaño son las diferencias de percepción entre el Presidente de la República y los alcaldes surgidos de su formación y mucho se debe a que más de alguno contraviene en los hechos los postulados de la llamada Cuarta Transformación y ven, como en el pasado, una buena forma de hacer negocios privados y practicar el nepotismo severamente cuestionado en el discurso lopezobradorista del pasado 1 de julio.

Luis Guillermo Benítez Torres y María Aurelia Leal López, alcaldes de Mazatlán y Guasave, estuvieron a punto de lograr el 50% de aceptación de sus gobernados obteniendo el 49.7 y 49.5%, respectivamente, pero no lo lograron se quedaron al otro lado de la frontera. Hay que aclarar que esta instantánea sobre el nivel de aprobación de los alcaldes que obtuvieron el triunfo el 1 de julio del año y por lo tanto hay de todas las coaliciones, partidos e independientes.

Ahora bien, hay quienes al ver los resultados obtenidos por los alcaldes sinaloenses buscaron ver el vaso medio lleno argumentado que no les había ido tan mal. Decían que los resultados se situaban por encima del porcentaje de votación obtenida en la contienda por los votos, sin embargo, aunque resulta persuasiva esa comparación no deja de ser interesada, maniquea, fuera de toda lógica pues es cómo si comparara peras con manzanas cuando cada una de ellas son de naturaleza distinta. 

Y es que no es lo mismo una elección constitucional y un sondeo de percepción de una gestión gubernamental. La primera es una competencia por los votos con unas reglas claramente definidas donde se ponen juego todos los recursos materiales y persuasivos para convencer al potencial elector; mientras el sondeo es un ejercicio aleatorio, errático, que alcanza al ciudadano en una gran diversidad de circunstancias. 

Donde el entrevistado puede dar una opinión mientras camina al trabajo o es sorprendido haciendo el amor con su pareja mientras alguien le pregunta “en una escala del 1 al 10 donde ubica el desempeño institucional de su alcalde” y aquel en el trance al infinito responderá con un 2 o un 3 por lo inoportuno de la pregunta. O sea, no vale la comparación, los sondeos son instantáneas que el encuestador no puede controlar como si sucede con una elección donde se sabe quienes están en capacidad de votar. O sea, tiene límites muy definidos.

Es más, pueden opinar menores de edad que traen el teléfono de adultos, personas que tiene suspendidos sus derechos políticos por la comisión de un delito incluso que están presos, opositores recalcitrantes que ven la oportunidad maravillosa de descalificar a su alcalde incluso quienes tienen una discapacidad mental pero que tienen un teléfono en mano.

Así que sorprende se festine el resultado de este sondeo como si se estuviera ante un nuevo triunfo electoral, no hay motivo para festejos. Haber obtenido el lugar 13 o 14 de la escala de percepción, como sucedió con los alcaldes de Mazatlán y Guasave, significa que están reprobados por sus gobernados. Ellos perciben su desempeño como de baja calidad y subrepticiamente los están llamando a ganarse su confianza mejorando su trabajo para el municipio.

Vamos, ven todos que no están a la altura de las expectativas que tenían cuando salieron a votar por una fórmula electoral. Eso habla de participación ciudadana pero también de cierto desencanto de los gobernados más allá de colores y anagramas y eso no es privativo de este singular proceso de cambio que estamos viviendo, sino frecuente en otras experiencias, que no logran compaginar las expectativas con los resultados de un desempeño gubernamental.

Entonces, en lugar de echar a volar las campanas diciendo “soy el mejor alcalde de Sinaloa”, en un acto de honestidad y humildad debería decirse “soy el menos malo”, cómo un punto de partida para mejorar en todo aquello que lo presenta como reprobado. 

Es inútil que por la vía de este tipo de afirmaciones busquen establecer una realidad virtual, la de los medios, que ensalzan a golpe de dinero público la figura del gobernante. Y menos se puede festinar cómo el mejor, cuando solo se preguntó a cuatro de los dieciocho municipios del estado.

En definitiva, estamos viviendo una época dónde la gente opina hasta de lo que no sabe y es su derecho hacerlo en privado o en las redes sociales, y más cuando se trata de la cosa pública, de cómo le va en el reparto de la política pública. Si en su colonia funcionan los servicios públicos, si la inseguridad no le ha representado una perdida material o incluso de vidas.

Las fuentes de información se han diversificado y precisamente este tipo de sondeos generan información sobre cómo se esta viendo el desempeño de los gobernantes.

Así que, alcaldes asuman, ¡!que están reprobados y a redoblar esfuerzos!!

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